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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

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Se nos plantea un régimen dictatorial donde se diferencia a la población gileadiana por clases: Comandantes, Esposas, Ojos, Ángeles, Guardianes, Tías, Marthas, Criadas, Econoesposas, Jezebels y No-Mujeres

Cada una de estas clases está identificado por un patrón cromático y un oficio. En el caso de nuestra protagonista, ella es Defred, una Criada, viste de rojo y su única función es tener hijos para la Esposa del Comandante.
Según avanza la historia sabemos que Defred tuvo un pasado en el que estaba casada y tenía una hija, hasta que trató de huir y fue capturada: desde entonces perdió hasta su propia identidad, siendo una esclava más. A su marido lo dispararon en plena huida y su hija crece feliz con otra familia.
En la sociedad gileadiana la mayoría de las mujeres son estériles, por lo que las Criadas son aquellas que aún son fértiles (por ejemplo, las Marthas, que se encargan de las labores domésticas, son mujeres que el pasado se ligaron las trompas; las Esposas son mujeres estériles: para ellas son los hijos que conciben las Criadas).

Poco a poco, Defred y el Comandante empiezan a tener una relación más cercana, teniendo partidas a juegos de mesa, quedando a espaldas de la Esposa, incluso llegando a permitir que la Criada salga a lugares prohibidos, leyendo o quebrantando la ley de diferentes maneras.
Mientras, Defred conoce a Deglen, su compañera de paseos, quien le habla sobre una asociación de mujeres que desean rebelarse contra el sistema. Sin embargo, poco después, Deglen desaparece, siendo sustituida por otra.
En una de las salidas del Comandante con la Criada, la Esposa descubre lo que está sucediendo. Días después aparece una furgoneta para llevarse a Defred, pero no dejan claro si es la asociación que salva a las mujeres o es un grupo de Ojos que van a torturarla y/o matarla.

Citas destacadas:

Intento o pensar demasiado. Como el resto de las cosas, el pensamiento tiene que estar racionado. Hay muchos que no soportan pensar. 

Nos volvemos y pasamos junto a las casas, en dirección al centro de la ciudad. No se nos permite ir hasta allí, excepto de a dos. Se supone que es para protegernos, aunque es una idea absurda: ya estamos bien protegidas. La realidad es que ella es mi espía, y yo la suya. Si alguna de las dos comete un desliz durante uno de nuestros paseos diarios, la otra carga con la responsabilidad.

Hay más de un tipo de libertad, decía Tía Lydia. Libertad para y libertad de. En los tiempos de la anarquía, había libertad para. Ahora nos dan libertad de. No la menospreciéis.

Todo era tan momentáneo, tan condensado... y sin embargo parecía no tener fin. Después nos quedábamos tumbados en la cama, cogidos de la mano, charlando. De lo posible, de lo imposible, de qué se podía hacer. Pensábamos que teníamos problemas. ¿Cómo llegamos a saber que éramos felices?

Espero. Me compongo. Mi persona es una cosa que debo componer, como se compone una frase. Lo que debo presentar es un objeto elaborado, no algo natural.

Nadie muere por falta de sexo. Es por falta de amor por lo que morimos. Aquí o hay nadie a quien yo pueda amar, toda la gente a la que yo amo está muerta, o en otra parte. ¿Quién sabe dónde estarán o cuáles serán ahora sus nombres? También podrían no estar en ninguna parte, como debo estarlo yo según ellos. Yo también soy una persona desaparecida.

Ahora Moira tenía poder, la habían puesto en libertad, se había puesto a sí misma en libertad. Ahora era una mujer libre. Creo que nos pareció espantoso.

Si llegas a ser un hombre, alguna vez, en el futuro, si logras llegar tan lejos, por favor recuerda esto: nunca estarás tan atado como una mujer a la tentación de perdonar a un hombre. Es difícil resistirse, créeme. Pero recuerda que el perdón también es signo de poder. Implorarlo es un signo de poder, y negarlo o concederlo es un signo de poder, tal vez el más grande.

Debe de haber algo que él desea de mí. Desear es tener alguna debilidad. Es esta debilidad, fuera la que fuese, lo que me atrae. Es como una pequeña grieta en una pared hasta ahora impenetrable.

Esa clase de amor viene y se va y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas "Te amé", y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada porque haberlo hecho era una tontería, algo sorprendente y precario.

Tendréis que perdonarme. Soy una refugiada del pasado y, como otros refugiados, sigo las costumbres y hábitos que abandoné o que fui obligada a abandonar, y todo esto parece muy pintoresco, y yo soy muy obsesiva con respecto a ello.

No estoy segura de cómo ocurrió, no exactamente. Todo lo que puedo hacer es una reconstrucción: el modo en que se siente el amor siempre es aproximado.

Como todos los historiadores sabemos, el pasado es una gran tiniebla llena de resonancias. Desde ella pueden llegarnos algunas voces; pero lo que nos dicen está imbuido de la oscuridad de la matriz de la cual salen. Y, por mucho que lo intentemos, no siempre podemos descifrarlas e iluminarlas con la luz prístina de nuestro propio tiempo.

LA SERIE DE TV

Ver https://www.seriesgato.tv/temporada/the-handmaid-s-tale-321239.html

El cuento de la Criada –The Handmaid’s Tale– la afamada novela de la canadiense Margaret Atwood fue adaptada para la TV con la asistencia de su creadora. Con la potencia de la imagen esta novela distópica de ciencia ficción (-y no tanto-) y feminista ha tenido muy buena recepción del público por su fuerte historia y la muy buena actuación de sus actrices: Elisabeth Moss, Yvonne Strahovski, Samira Wiley, Alexis Bledel (la ex Gilmore Girls) y gran reparto.

En la República de Gilead -antiguo suelo norteamericano de un futuro cercano- todos los derechos sociales son suprimidos; casi todo queda prohibido, todo lo que a los ojos de esa dictadura ultracristiana es visto como moralmente inaceptable. La nueva sociedad ultraconservadora que se impone sufre de infertilidad, malformaciones genéticas causadas por accidentes en centrales nucleares, fuga de productos químicos, guerras biológicas, entre otras causales.

El régimen de Gilead prohíbe todos los métodos de control de la natalidad, imponiendo a la población femenina la obligatoriedad del embarazo. Una sociedad envilecida se destruye para dar paso a una nueva era donde esos `problemas´ son eliminados; ahora las mujeres, lesbianas, gays o todo lo que atente contra la moral cristiana se suprimen de la existencia diaria.

Los cuerpos autopercibidos como femeninos son uno de los sectores más afectados, sufren la confiscación de sus bienes y sus cuentas bancarias pasan a manos del Estado. Un cuerpo fértil se convierte en criada y sus hijes son confiscades. Se las considera la mismísima encarnación del pecado. (-“¿Las mujeres eran sólo el problema? Claro que no, pero sí fueron más fáciles de dominar”-). Los matrimonios están arreglados y no se puede estar a solas con un hombre. El adoctrinamiento es la norma, hacerlas cada vez más sumisas, sacarles todo recuerdo de libertad, criarlas sin libertad, el fin de su vida será únicamente uno: procrear, ni siquiera ser madres (-Cumplir con su destino biológico en paz-).

Y así se desarrollan los días eternos, donde los segundos son horas y estas cautivas están obligadas a andar por la vida diferenciándose por los colores de sus ropas, sin ningún tipo de libertad y sumamente vigiladas.

Las Criadas son mujeres jóvenes y fértiles cuya función consiste en parir hijes para las esposas estériles, fueron -literalmente- cazadas como animales y encerradas en centros que les enseñan a fuerza de tortura su nueva función en la vida. No deben ser vistas como las cortesanas ya que no deberían inspirar deseos ocultos. Van vestidas de rojo tapando su rostro (-“Somos matrices de dos piernas, eso es todo: somos vasos sagrados, cálices ambulantes”-). Es una de estas Criadas -Offred (De Fred, en alusión al nombre su comandante)- quien nos introduce en este universo perturbador. La figura de la criada tiene una función vital: dar vida, en un mundo donde la inseminación artificial es declarada antirreligiosa. Offred debe olvidarse de su antigua autonomía, de su libertad, de su pareja, de su hija. Fue secuestrada cuando intentaba huir a Canadá -país libre- junto a su marido y Hannah, que se vuelve su principal motor de supervivencia y de lucha (en la serie de TV Offred tiene un papel más feminista que en el libro).

Las Marthas no son fértiles y fueron destinadas a las labores domésticas. Con sus vestidos de color verde apagado, saben cosas, hablan entre ellas y pasan las noticias. Las Marthas no fraternalizan con las rojas.

Las Tías son las encargadas de adoctrinar y controlar el comportamiento de las criadas y hacerles entender que el destino que se les impuso a fuerza de garrocha es el mejor de los destinos.

En un mundo donde todo se rige por la moral, hay escapes ilegales creados por los Comandantes, ahí es donde encontramos a las Jezabeles, son las prostitutas oficiales que el régimen se generó porque “es imposible escapar a la naturaleza, en el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad…!”. Ellas visten con los resabios de las épocas donde las mujeres eran libres: uniformes escolares, uniformes de porristas y, en general, cualquier atuendo que esté asociado a las fantasías masculinas o simplemente ropas que se usaban en el día a día de la antigua sociedad que se eliminó. En el fondo, tienen más libertad que todas las mujeres de Gilead, es eso o ser declaradas No-Mujer: damas estériles, ancianas, viudas, feministas, lesbianas, monjas, disidentes y ser enviadas a destinos no aptos para la vida humana: las colonias, lugar del que no se sale con viva.

En la escala más alta de la pirámide social de las mujeres se encuentran las esposas de los Comandantes, llevan vestidos azules en honor a la Virgen María. A pesar de poseer más privilegios que el resto de la sociedad, son víctimas del mismo sistema, su poder se limita puertas adentro de sus casas y a esperar ser `bendecidas´ con la llegada de une bebé. Sus esposos -los comandantes- tienen el deber de procrear, un asunto complicado en un mundo donde prácticamente todos estuvieron expuestos a agentes biológicos nocivos, sin embargo no se cuestiona su infertilidad. Ellas participan de La Ceremonia, el ritual entre el comandante y la criada para concebir (violar con la gracia de Dios).

En el cuento de la criada se exacerba la eliminación de los derechos a las minorías étnicas, religiosas y sexuales, un planeta sumergido en el caos de las guerras y los desastres ambientales que provocaron como humanidad. ¿Realidad o ficción? No estamos tan lejos. El cuento de la criada deja una sensación de bronca en todo momento, escalofríos, ganas de llorar y agarrar un palo y romper todo ¿cómo eso puede ser posible? La vida llena de injusticias de esas cuerpas se parece tanto a la actual y lo que parece tan lejano, lo encontramos a la vuelta de la esquina. Pero hay resistencia y eso es lo que la hace tan poderosa.

El libro -es un indispensable en toda biblioteca feminista- y la serie van recomendados para pensarnos en la actualidad y hacia dónde vamos: eso que podemos ver como un disparate, no es algo imposible, como un recuerdo que le da vuelta en la cabeza a Offred, el tener la certeza que, como sociedad, no reaccionaron ante el avasallamiento de sus derechos cuando deberían haber actuado. El futuro ya llegó.

Génesis 30 La Palabra (España) (BLP)
30 Cuando Raquel vio que no podía dar hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y dijo a Jacob:
— Dame hijos, porque si no, me muero.
2 Pero Jacob se enojó mucho con ella y le dijo:
— ¿Crees acaso que soy Dios? Es él quien te ha impedido tener hijos.
3 Ella replicó:
— Aquí tienes a mi criada Bilhá. Acuéstate con ella y que dé a luz en mis rodillas. Así, por medio de ella, también yo podré formar una familia.

El cuento de la doncella (1990) 

Título original The Handmaid's Tale (Die Geschichte der Dienerin)
Año 1990
Duración 109 min.
País Alemania
Director Volker Schlöndorff
Guión Harold Pinter (Novela: Margaret Atwood)
Música Ryuichi Sakamoto
Fotografía Igor Luther
Reparto
Natasha Richardson, Faye Dunaway, Aidan Quinn, Elizabeth McGovern, Robert Duvall, Victoria Tennant, Traci Lind, Blanche Baker
Productora Coproducción EEUU-Alemania; Bioskop Film / Cinecom Entertainment Group / Cinétudes Films
Género Ciencia ficción. Drama. Romance | Distopía
Sinopsis
En un mundo futuro, sólo algunas mujeres pueden tener hijos. Son las llamadas "doncellas", que sólo pueden tener relaciones sexuales con el fin de procrear y deben cubrirse con una túnica roja que las identifica e impide que otros hombres puedan verlas. Una de ellas, Kate, tras ser entregada al Comandante Fred, trata de escapar de ese mundo totalitario, aunque sabe que puede costarle la vida, como le recuerdan constantemente los cadáveres colgados en las alambradas que rodean el estado de Gilead. (FILMAFFINITY)
Curiosa e inquietante historia distópica, sería interesante leer el libro para ver todo lo que seguramente no está, pero mostrando un mundo inquietante y despótico donde la mujer es reducida a su mero papel reproductor. Excelentes actuaciones principales, guión de Pinter que deja mucho librado a la imaginación y la elaboración, muy buena ambientación.

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