miércoles, mayo 09, 2018

Estaba en llamas cuando me acosté...


Esta inscripción podría figurar en la lápida de muchos de nosotros. Toda una vida en una oración. Salir de Guatemala para meterse en Guatepeor. Yo buscaba problemas y me metí en ellos ni bien los encontré. El demonio me obligó a hacerlo la primera vez, pero después lo hice por propia voluntad. Quizás esta verdad resulte más clara si transcribo una conversación que tuve con un colega que se quejaba de que todos los días encontraba lo mismo en su bolsa de almuerzo. - ¿Quién te prepara el almuerzo? - Le pregunté. - Yo - me respondió.
Tenemos algunos compañeros muy buenos en este asunto. San Pablo se lamentaba diciendo: "No puedo comprender mi propio comportamiento. No logro realizar las cosas que deseo hacer, y descubro que estoy haciendo precisamente las que odio." El dramaturgo griego Eurípides pone en boca de Medea, poco antes de asesinar a sus propios hijos, las siguientes palabras: "Sé el daño que estoy por causar. Mi ser irracional es más fuerte que mi voluntad." Los psiquiatras ganan mucho dinero con este dilema, y los teólogos hacen mucho ruido al respecto. Pero este dilema no sólo no ha sido resuelto, sino que no tiene solución. Vivimos con él, y al hacerlo nos consolamos en compañía de aquellos que habitualmente se acuestan en camas en llamas de un tipo o de otro. Nos resultaría más sencillo si pudiéramos, simplemente, aceptar las camas que elegimos para nosotros y seguir adelante. Y una cosa más.
Respecto del hombre de la cama en llamas de la historia. La mayor parte de las veces, observamos que las personas hacen algo sin saber por qué lo hacen. Si nuestras propias acciones constituyen un misterio para nosotros, ¿cuánto más lo serán las de los demás? ¿Por qué estaba acostado en la cama en llamas? ¿Estaba borracho? ¿Enfermo? ¿Quería suicidarse? ¿Era ciego? ¿Tenía frío? ¿Era tonto? ¿Tenía un extraño sentido del humor? ¿O qué?. No lo sé. Es muy difícil juzgarlo sin tener mucha más información, Es cierto, sin embargo, que de todos modos juzgamos. Pero si consiguiéramos refrenarnos un poco, nos agradaríamos más. Dios, según está escrito, previno a sus primeros hijos, Adán y Eva. Lo dijo bien claro:
¨ No coman de esa fruta, les traerá problemas ¨ .
Ya conocen el resto de la historia...


El cuento "Estaba en llamas cuando me acoste" pertenece al libro "Las cosas que hacemos sin saber porque" de Robert Fulghum.

martes, octubre 15, 2013

La conquista del pan (Resumen)

Resumen La conquista del pan''', de Kropotkin, por Ciudadano-bibliotecario 



I

Hace algún tiempo dediqué un extenso artículo a “El apoyo mutuo”, libro que es tenido por la mayoría de autores como la obra cumbre de Kropotkin, en la que expone ejemplos reales y científicamente documentados de todo aquello que argumenta. 
De igual modo, es curioso observar que también hay un acuerdo común sobre el carácter de panfleto político de la obra que hoy aquí deseo comentar, “La conquista del pan”. 
Y digo que me parece curioso porque si acudimos al diccionario de la RAE y buscamos la palabra panfleto, obtenemos estas dos acepciones: 
Libelo difamatorio.Opúsculo de carácter agresivo.Y ninguno de estos significados puede extraerse de la lectura de este libro. Si expresar un ideal de construcción de sociedad, una alternativa al desalmado y cruel mecanismo económico de aquella época (que sigue siendo el mismo de nuestro tiempo, es decir, el capitalismo) es escribir un panfleto, no puedo estar más en desacuerdo. Si nos referimos con panfleto a la descripción minuciosa de una utopía, con un definido trasfondo ideológico y filosófico (el anarquismo), de una posible realidad que el autor considera desesable, entonces estaré de acuerdo de que se trata de un panfleto, en el mejor sentido de la palabra. 
En esta entrada pretendo realizar un comentario-resumen, en algunos momentos bastante exhaustivo, en otros momentos parecido a un torbellino de ideas al viento pero que, desde luego, no puede en modo alguno sustituir a la lectura de esta obra de referencia universal. 

-Como se alude en el prólogo de la edición que he tenido la suerte de leer, Kropotkin representaría un ejemplo paradigmático de la contradicción. Tanto es así que se le llama “el príncipe anarquista”, una denominación que puede considerarse un buen resumen de su vida. Pero ese modo “diferente” (por decirlo de algún modo) de ver la realidad del pensador ruso le confiere una preclaridad que todavía asombra. Ya que el principio de la contradicción es el elemento esencial del libre pensamiento, libre porque permite: 
expresar lo que realmente se piensaescuchar lo que dicen los demásreconocer y enmendar los propios erroresAl leer a Kropotkin, también surge en mí una enorme contradicción: a pesar de que hable de la toma del poder mediante la fuerza como única vía fiable para que el pueblo alcance la capacidad de decisión que de otro modo se le negaría, no veo en el escritor ruso una querencia por la violencia. Más bien todo lo contrario, considero que su discurso está lleno de filantropía, de concordia, de conciliación. En mi opinión (algo meramente personal), Kropotkin internamente cree en la posibilidad de convencer a toda la sociedad de la bondad de la sociedad anarquista. 
Kropotkin, como científico que es, tiene plena confianza en los avances técnicos de la ciencia, y tiene la certeza de que en su desarrollo está todo lo que la humanidad necesita para vivir bien. Es decir, la ciencia está para servir al hombre. 
Pero estos progresos no se han hecho sin coste alguno. Han conllevado mucho sudor y mucha sangre humana, por lo que no es lícito de que ello se aprovechen unos pocos individuos egoístas. Esos avances han sido producto del trabajo de la colectividad y los beneficios deben revertir en toda ella por igual. 
El saber científico es la herencia de siglos y siglos de esfuerzo, en la cual se han conjugado por igual el trabajo intelectual como el trabajo físico. De ahí que nadie tenga derecho a apropiarse de algo que pertenece a la colectividad (sólo con esta aseveración, que es una verdad transparente, temblarían los registros de propiedad intelectual y los registros de patentes). 
Sin embargo, el sistema capitalista, amparado por el poder político, ha permitido que unos pocos detenten los medios de producción y que el trabajador tenga que ceder buena parte del producto de su trabajo al injusto propietario. En un mundo de libre contratación, se reproducen unas condiciones aún más humillantes que durante el feudalismo (Piotr podría haber escrito esto mismo, sin problema alguno, en la actualidad). 
Como principio, el autor confía profundamente en la posibilidad real de la utopía. 
Y, seguidamente, ya saca a la palestra la cuestión sangrante (tan actual) de la legión de zánganos que viven a costa de los productores, es decir, los intermediarios. 
Pero también denuncia a los productores por limitar la producción con el objeto de que los precios no bajen, las guerras (Kropotkin es un activo anti-belicista), el colonialismo, el aparato judicial del Estado, así como el aparato mediático del mismo, y la gran cantidad de fuerza productiva que se desperdicia inútilmente en el ocio de los ricos. 
Todo ello le lleva a concluir que la propiedad debe ser colectiva para terminar con la explotación de los trabajadores. El medio es la expropiación; la finalidad, el bienestar de todos. 
La toma por el pueblo de las fuerzas productivas sólo puede lograrse mediante la fuerza, la violencia, no por vía legislativa. Es cierto que existen varios modelos de proceso revolucionario, pero en todos ellos el pueblo espera con paciencia a que los jefes de la Revolución tomen las decisiones oportunas. Y mientras la miseria crece. 
Para evitar estos engaños de quienes han tomado el poder, desde el inicio el pueblo ha de tomarlo y trabajar lo necesario para lograr el bienestar. No ha de pedir el derecho al trabajo, sino el derecho al bienestar. “El derecho al bienestar es la revolución social; el derecho al trabajo es, a lo sumo, el presidio industrial” (es imposible decirlo con más rotundidad). 
Cuando ya nos encontremos en un mundo con un nuevo modo de producción, el salario no podrá conservarse, ni siquiera en la forma que señala el colectivismo. Simplemente todo ha de ser de todos, el comunismo en esencia, a cada uno según sus necesidades. Es interesante que Kropotkin observa esta máxima dentro de las propias sociedades capitalistas, por ejemplo en los billetes de tren por zonas, que responden a las necesidades de cada individuo. 
La tendencia innata del ser humano al apoyo mutuo, que se manifiesta en los momentos de penuria, debería extenderse a la vida cotidiana a través de la propiedad colectiva de la producción. 
Es muy importante ver que el anarcomunismo se diferencia de otras tendencias socialistas por la búsqueda tanto de la libertad política como de la libertad económica. 
Como es lógico, Kropotkin aboga por la supresión del Estado, de la clase política y enfoca su mirada hacia la vida de la gente, a la “intrahistoria”. 
Conforme a esto, una sociedad anarco-comunista se organizará, no ya en torno al parlamentarismo (propio del capitalismo), sino en base a la federación y el asociacionismo libres. 
-Kropotkin tiene muy claro que la riqueza de la alta sociedad, proviene de la miseria de los pobres. Una manifestación meridiana son las guerras, que tienen buena parte de culpa de la existencia de la pobreza. Y fácilmente se puede entender que quien desata una guerra lo hace en beneficio propio. 
Rechaza por principio los derroches y los gastos fastuosos de los ricos y señala igualmente que el ahorro procede de la explotación de los necesitados que no tienen qué comer. 
Hilvanando con la cuestión del ahorro, el autor observa agudamente como todos los elementos de la economía se encuentran vinculados. Un ejemplo sencillo es el imbricamiento de la industria con la Banca. 
Kropotkin no comparte en absoluto el sistema productivo imperante y, desde luego, critica duramente a los economistas, que diferencian entre instrumentos de producción y productos de consumo. Cree que la Economía debería desaparecer y ser sustituida por una ciencia que se dedicase al estudio de las necesidades del hombre. 
Nota1: utilizo el género masculino de forma genérica para facilitar la lectura, por lo que los sustantivos en forma masculina hacen referencia a personas de ambos sexos. 
Nota2: divido este artículo en varias entradas para facilitar su lectura. 



II

-Creo que Piotr analiza certeramente las fases de una Revolución. Si las revoluciones fracasaron fue, esencialmente, porque se habló mucho de política y se dejó en el olvido dar de comer al pueblo insurrecto. Esto hizo que cundiera el descontento y luego llegara el triunfo de los reaccionarios. 
Para que la Revolución tenga éxito, es necesario aguantar un primer momento crítico. Se han de reunir todos los víveres, repartirlos sin derrochar, y que los trabajadores industriales se dediquen a producir todo lo que necesite el campesino. Se trata de toda una transformación de la economía, en función de las necesidades. 
Lo lógico es que, sobre todo en el período inicial, se organicen grandes cocinas comunales, pero no debe ser algo impuesto por ley. 
Kropotkin cree en el anarquismo porque confía en la capacidad de organización del pueblo, en contraposición a la ineficaz burocracia. Y si bien puede parecernos un iluso, es cierta la resuelta decisión del pueblo para sobrevivir en situaciones difíciles. 
Por otro lado, como es lógico tratándose de la ideología anarquista, Piotr asevera que el salario debe desaparecer, ya que tanto valor tiene el trabajo de un peón como el de un ingeniero. Para repartir equitativamente, la fórmula es bien sencilla: sin límite lo que haya en abundancia; racionamiento de lo que falte. 
A pesar de que parezca un utópico, Kropotkin tiene bien puestos los pies en el suelo. Es consciente de los muy diversos ritmos de la Revolución en cada país. Pero peca de exceso de optimismo al no dudar, ni por un instante, que la Revolución social triunfaría en toda Europa. Singularmente, sólo triunfaría en su país natal (que se encontraba lejos de los países más desarrollados industrialmente), y la revolución que se produjo poco tuvo que ver con lo que tenía en mente. 
Así mismo, Kropotkin señala agudamente el conflicto ciudad-campo, que tanto dificulta toda Revolución (obstáculo prácticamente insalvable que arrastraría la Unión Soviética durante toda su existencia). Sabe del desapego que el urbanita tiene hacia los trabajos del campo. Sin embargo, no cejando en su visión optimista, lo insta a cultivar en torno a la ciudad, porque está seguro de que acabará encontrando placer en la actividad agrícola. Además se trata de la cuestión de asegurarse la comida, el sustento. 
Otro elemento básico que se debe proporcionar al pueblo es la vivienda. Ya en su época, el autor observa el gran número de viviendas desocupadas que hay en las ciudades. 
Considera que la vivienda es un derecho de todos, adquirido con el paso de los siglos. Nadie puede arrogarse la propiedad de una vivienda, ni de cualquier otra cosa, integrada en una ciudad, ya que son el fruto del trabajo de decenas de generaciones. 
El camino para hacer efectivo este derecho es la expropiación. Pero para lograr que esta llegue a buen término, es necesario que antes se difunda entre la población la lógica de la expropiación (esto da mayor soporte a mi pensamiento de que Kropotkin cree en la victoria de la Revolución anarquista a través de las ideas, y no de la fuerza, como decía en la introducción). 
Se antepone la iniciativa popular (a pesar de ser imposible de planificar), a la burocracia (con todo lo que conlleva de indemnizaciones, papeleos, etc.). No obvia ni a los egoístas ni a las injusticias, pero piensa que, en todo caso, serán menores si es el pueblo el que realiza la expropiación. 
Tras la comida y la vivienda, el tercer paso será proporcionar el vestido. Piotr apuesta por la austeridad del pueblo en los comienzos, sin renunciar a que, posteriormente, se lleven los mejores vestidos. Es interesante ver cómo el autor ya utiliza, hace más de un siglo, el lenguaje de la igualdad de sexos: “un vestido nuevo a cada ciudadano y a cada ciudadana”. 
Más adelante, denuncia la esclavitud de la mujer a las labores del hogar y pide su emancipación. Sin embargo, parece que le sigue atribuyendo exclusivamente a la mujer la crianza de los hijos. 
-El capitalismo se dedica a producir aquello que produce más beneficios, y no lo que se necesita. A eso debe dedicarse el anarquismo, a la producción en abundancia de lo que se necesita. Pero no son necesarias jornadas laborales maratonianas. Kropotkin establece la media jornada de 5 horas como el tiempo necesario de trabajo. 
Por otro lado, observa algo que ahora parece completamente lógico (otra cuestión es que se aplique siempre), pero que en su época no era tenido en cuenta: las buenas condiciones e instalaciones de trabajo están relacionadas directamente con la productividad y con la economía de trabajo y de materias primas. 
Además, considera la existencia del privilegio de la patente como algo que impide absurdamente el progreso más rápido de la sociedad. 
-Kropotkin siente una enorme preocupación por lo intelectual y ocioso, del mismo modo que por lo material. Uno de los rasgos que distinguen al ser humano del resto de animales es su capacidad de privarse de lo material para tener el goce de lo inmaterial. 
En mi opinión, el pensador ruso tiene como horizonte anarquista una sociedad demasiado idealizada, interesada vivamente por lo intelectual una vez que haya sido instruida. 
Al mismo tiempo, desea romper con el “oprobio” del trabajo manual, quiere devolverle su dignidad. Todo trabajador ha de desarrollar tanto labores manuales como intelectuales. 
Cuando habla de una “labor colectiva individual” parece que estuviese refiriéndose a ejemplos actuales como la Wikipedia o las redes de estudio libremente formadas a través de Internet. 
-Al hablar de la revitalización del arte, está hablando de algo que va mucho más allá del mero fenómeno artístico, habla de una filosofía de vida, en comunidad, de un ser humano que sea artista a la vez que trabajador. 
En la misma línea, el asociacionismo en las diferentes ramas del arte y del saber, dará lugar a un lujo útil, que satisfaga todas las apetencias de los seres humanos. 



Resumen de La conquista del panIII

-Kropotkin hace hincapié en que la enseñanza de la Historia que se ha impartido en las escuelas ha sido completamente parcial, destacando únicamente a los gobernantes y reyes. Se ha hecho creer que nada puede funcionar sin la existencia del Gobierno, cuando hay múltiples asociaciones que sin mediación de gobierno alguno han logrado hacer grandes cosas. La sociedad funcionaría mucho mejor mediante únicamente el común acuerdo libre. 
El Estado no es el sujeto que terminará con las desigualdades, porque precisamente favorece los monopolios, al gran capital, en contra de las pequeñas empresas. 
El Estado no ha de existir, y las leyes deben sustituirse por proyectos, acuerdos para las asociaciones de común acuerdo libre. 
Piotr prevé la caída del Estado, en favor de dichas asociaciones. Para demostrarlo, pone como ejemplos a la Asociación inglesa de Salvamento de náufragos o a la Cruz Roja, entre otros, que no necesitan en absoluto el soporte del Estado. Es más, cree que trabajarían mejor si no existiese. 
Por otro lado, Kropotkin yerra en su vaticinio de que el comunismo autoritario, en el caso de que llegase a triunfar, duraría poco. La URSS pervivió más de 70 años. 
-La principal objeción que se pone al comunismo anarquista es la escasa productividad, debido a que se elimina el salario. 
Sin embargo, el hombre no se mueve sólo por dinero. Hay muchos elementos que hacen poco atractivo el modelo capitalista. Esa es la razón de que haya mucha gente que no quiera trabajar, los “holgazanes”. 
Se defiende que el trabajo colectivo es mucho más productivo que el individual -que busca sólo el beneficio personal-. Esta afirmación sólo puede considerarse como una posición ideológica del autor. 
En cambio, afina en lo siguiente: la fuerza de trabajo se desaprovecha. Las fábricas podrían ser mucho más eficientes, pero es más fácil tener a disposición una legión de obreros pobres y famélicos, que trabajarán por poco dinero. Además, es corriente producir menos de lo que realmente se puede, con el objeto de que no bajen los precios. Es decir, lo que desde siempre se ha llamado especulación. Por otro lado, muchas veces ocurre que los trabajadores actúan en base a: “mala paga, mal trabajo”. 
Kropotkin cree firmemente en esa especie de “autorregulación” de la sociedad. Para evitar la holgazanería no se necesita Estado, ni cárceles. La misma comunidad se encargará de rechazar a los holgazanes. 
Realiza un pequeño análisis sociológico sobre los perezosos, y aboga por buscar antes las causas que dar el castigo. Piensa que es posible que la holgazanería provenga de una mala alimentación, o de que esas personas hayan comprendido mal lo que mal se les enseña. Propone una enseñanza tangible, en contacto con la naturaleza (como proponía también Giner de los Ríos). 
El pensador ruso concluye que el trabajo repetitivo es otro modo de crear perezosos. 
-Al hablar del sistema colectivista, Kropotkin lo entiende como una especie de estado híbrido o intermedio entre la sociedad capitalista y la sociedad comunista. Es un modelo que, por un lado, niega cualquier representatividad del sistema de gobierno parlamentario pero, por otro lado, no abole la propiedad privada y mantiene el asalaramiento. 
Para el autor, aceptar escalas de salarios según los trabajos (distinción entre empleo cualificado y empleo no cualificado o simple) es asumir como revolucionario un elemento genuino de la sociedad capitalista. 
La sociedad anarquista quiere desterrar tanto los privilegios de nacimiento como los de educación. En caso contrario, se dividiría la sociedad entre gobernantes y gobernados, del mismo modo que ocurre en las sociedades capitalistas. 
Siguiendo el mismo discurso, la división del trabajo está hecha en favor de la clase dominante capitalista. Lo que se consigue es alienar al trabajador y hacer que su oficio sea heredado por sus descendientes, que tendrán el mismo mísero y aburrido futuro de sus padres. Por ello, es necesario promover la diversidad laboral. 
-"Medir el trabajo por el resultado nos lleva a lo absurdo". Piotr cree que hay que anteponer las necesidades a las obras. Si se estudiasen las necesidades antes que la producción tendríamos una auténtica ciencia (y no como ocurre con la economía), que se llamaría "Fisiología de la sociedad". Es necesario poner las necesidades por encima de las obras.ç 
-La teoría de la especialización por naciones que propugnaban los imperialistas ingleses demostró ser falsa. La explotación, la sujeción de las colonias terminó en cuanto se importó la tecnología a diversos lugares del mundo y el capital fue a donde más le interesaba. El capital no conoce fronteras, estará allí donde haya gente que pueda ser explotada. 
Como solución, la diversidad productiva es el camino al progreso, sobre todo hacia un progreso racional. 
-Para acabar, Kropotkin dedica un importante espacio a la agricultura. Hace gala de la sabiduría de un agrimensor y reivindica la sabiduría del agricultor, desconocida completamente por el urbanita. 
El autor piensa que lo que impide a la agricultura avanzar son las contribuciones que el Estado, el propietario y el usurero le exigen. Si no fuera por esto, el agricultor tendría excedente suficiente para mejorar sus cultivos y poder obtener mucho más fruto en menos hectáreas, con un trabajo sosegado y utilizando maquinaria que realizase las labores más duras (como el despedregamiento). 
El futuro de la agricultura se encuentra (el tiempo le ha dado la razón) en el cultivo intensivo, en el cultivo de invernadero. 
Kropotkin cree que, una vez llevada a cabo la revolución, el trabajador industrial irá al campo, donde cultivará intensivamente (invernaderos) durante dos o tres meses, y podrá saciar su hambre. Así la revolución triunfará y con ella, la solidaridad de un pueblo audaz y con iniciativa. 
Kropotkin realmente hace de la buena voluntad del hombre un credo, sin soslayar las dificultades y la cruda realidad pero, quizá no tiene en cuenta un componente humano se encuentra por encima de las clases sociales: la envidia humana, que es hermana de la discordia y de la venganza. La planificación, el pensamiento del pensador ruso es excesivamente racional, obviando los sentimientos, que muchas veces se entremezclan con otros elementos. 




domingo, octubre 13, 2013

Extractos del libro Confieso que he vivido de Pablo Neruda

POÉTICA Y POLÍTICA 


[...]La vida política vino como un trueno a sacarme de mis trabajos. Regresé una vez más a la multitud. 
 La multitud humana ha sido para mí la lección de mi vida. Puedo llegar a ella con la inherente timidez del poeta, con el temor del tímido, pero, una vez en su seno, me siento transfigurado. Soy parte de la esencial mayoría, soy una hoja más del gran árbol humano. 
 Soledad y multitud seguirán siendo deberes elementales del poeta de nuestro tiempo. En la soledad, mi vida se enriqueció con la batalla del oleaje en el litoral chileno. Me intrigaron y me apasionaron las aguas combatientes y los peñascos combatidos, la multiplicación de la vida oceánica, la impecable formación de "los pájaros errantes", el esplendor de la espuma marina. 
 Pero aprendí mucho más de la gran marea de las vidas, de la ternura vista en miles de ojos que me miraron al mismo tiempo. Puede este mensaje no ser posible a todos los poetas, pero quien lo haya sentido lo guardará en su corazón, lo desarrollará en su obra. 
 Es memorable y desgarrador para el poeta haber encarnado para muchos hombres, durante un minuto, la esperanza. 


CANDIDATO PRESIDENCIAL 


 Una mañana de 1970 llegaron a mi escondite marinero, a mi casa de Isla Negra, el secretario general de mi partido y otros compañeros. Venían a ofrecerme la candidatura parcial a la presidencia de la república, candidatura que propondrían a los seis o siete partidos de la Unidad Popular. Tenían todo listo: programa, carácter del gobierno, futuras medidas de emergencia, etc. Hasta ese momento todos aquellos partidos tenían su candidato Y cada uno quería mantenerlo. Sólo los comunistas no lo teníamos. Nuestra posición era apoyar al candidato único que los partidos de izquierda designaron y que sería el de la Unidad Popular. Pero no había decisión y las cosas no podían seguir así. Los candidatos de la derecha estaban lanzados y hacían propaganda. Si no nos uníamos en una aspiración electoral común, seríamos abrumados por una derrota espectacular. 
 La única manera de precipitar la unidad estaba en que los comunistas designaran su propio candidato. Cuando acepté la candidatura postulada por mi partido, hicimos ostensible la Posición comunista. Nuestro apoyo sería para el candidato que contara con la voluntad de los otros. Si no se lograba tal consenso, mi postulación se mantendría hasta el final. 
 Era un medio heroico de obligar a los otros a ponerse de acuerdo. Cuando le dije al camarada Corvalán que aceptaba, lo hice en el entendimiento de que igualmente se aceptaría mi futura renuncia, en la convicción de que mi renuncia sería inevitable. Era harto improbable que la unidad pudiera lograrse alrededor de un comunista. En buenas palabras, todos nos necesitaban para que los apoyáramos a ellos (incluso algunos candidatos de la Democracia Cristiana), pero ninguno nos necesitaba para apoyarnos a nosotros. 
 Pero mi candidatura, salida de aquella mañana marina de Isla Negra, agarró fuego. No había sitio de donde no me solicitaran. Llegué a enternecerme ante aquellos centenares o miles de hombres y mujeres del pueblo que me estrujaban, me besaban y lloraban. Pobladores de los suburbios de Santiago, mineros de Coquímbo, hombres del cobre y del desierto, campesinas que me esperaban por horas con sus chiquillos en brazos, gente que vivía su desamparo desde el río Bío Bío hasta más allá del estrecho de Magallanes, a todos ellos les hablaba o les leía mis poemas a plena lluvia, en el barro de calles y caminos, bajo el viento austral que hace tiritar a la gente. 
 Me estaba entusiasmando. Cada vez asistía más gente a mis concentraciones, cada vez acudían más mujeres. Con fascinación y terror comencé a pensar qué iba a hacer yo si salía elegido presidente de la república más chúcara, más dramáticamente insoluble, la más endeudada y, posiblemente, la más ingrata. Los, presidentes eran aclamados durante el primer mes y martirizados, con o sin justicia, los cinco años y los once meses restantes. 


LA CAMPAÑA DE ALLENDE 


 En un momento afortunado llegó la noticia: Allende surgía como candidato posible de la entera Unidad Popular. Previa la aceptación de mi partido, presenté rápidamente la renuncia a mi candidatura. Ante una inmensa y alegre multitud hablé yo para renunciar y Allende para postularse. El gran mitin era en un parque. La gente llenaba todo el espacio visible y también los árboles. De los ramajes sobresalían piernas y cabezas. No hay nada como estos chilenos aguerridos. 
 Conocía al candidato. Lo había acompañado tres veces anteriores, echando versos y discursos por todo el brusco e interminable territorio de Chile. Tres veces consecutivas, cada seis años, había sido aspirante presidencial mi porfiadísimo compañero. Esta sería la cuarta y la vencida. 
 Cuenta Arnold Bennet o Somerset Maugham (no recuerdo bien quién de los dos) que una vez le tocó dormir (al que lo cuenta) en el mismo cuarto de Winston Churchill. Lo primero que hizo al despertar aquel político tremendo, junto con abrir los ojos, fue estirar la mano, coger un inmenso cigarro habano del velador y, sin más ni más, comenzar a fumárselo. Esto lo puede hacer solamente un saludable hombre de las cavernas, con esa salud mineral de la edad de piedra. 
 La resistencia de Allende dejaba atrás a la de todos sus acompañantes. Tenía un arte digno del mismísimo Churchill: se dormía cuando le daba la gana. A veces íbamos por las infinitas tierras áridas del norte de Chile. Allende dormía profundamente en los rincones del automóvil. De pronto surgía un pequeño punto rojo en el camino: al acercarnos se convertía en un grupo de quince o veinte hombres con sus mujeres, sus niños y sus banderas. Se detenía el coche. Allende se restregaba los ojos para enfrentarse al sol vertical y al pequeño grupo que cantaba. Se les unía y, entonaba con ellos el himno nacional. Después les hablaba, vivo, rápido y elocuente. Regresaba al coche y continuábamos recorriendo los larguísimos caminos de Chile. Allende volvía a sumergirse en el sueño sin el menor esfuerzo. Cada veinticinco minutos se repetía la escena: grupo, banderas, canto, discurso y regreso al sueño. 
 Enfrentándose a inmensas manifestaciones de miles y miles de chilenos; cambiando de automóvil a tren, de tren a avión, de avión a barco, de barco a caballo; Allende cumplió sin vacilar las jornadas de aquellos meses agotadores. Atrás se quedaban fatigados casi todos los miembros de su comitiva. Más tarde, ya presidente hecho y derecho de Chile, su implacable eficiencia causó entre sus colaboradores cuatro o cinco infartos. 


EMBAJADA EN PARÍS 


 Cuando llegué a hacerme cargo de nuestra embajada en París, me di cuenta de que tenía que pagar un pesado tributo a mi vanidad. Había aceptado este puesto sin pensarlo mucho, dejándome ir una vez más por el vaivén de la vida. Me agradaba la idea de representar a un victorioso gobierno popular, alcanzado después de tantos años de gobiernos mediocres y mentirosos. Quizás en el fondo lo que me cautivaba más era entrar con una nueva dignidad a la casa de la embajada chilena, en la que me tragué humillaciones cuando organicé la inmigración de los republicanos españoles hacia mi país. Cada uno de los embajadores anteriores había colaborado en mi persecución; había contribuido a denigrarme y a herirme. El perseguido tomaría asiento en la silla del perseguidor, comería en su mesa, dormiría en su cama y abriría las ventanas para que el aire nuevo del mundo entrara a una vieja embajada. 
 Lo más difícil era hacer entrar el aire. El asfixiante estilo salonesco se me metió por las narices y los ojos cuando, en esa noche de marzo de 1971, llegué con Matilde a nuestro dormitorio y nos acostamos en las egregias camas donde murieron, plácidos o atormentados, algunos embajadores y embajadoras. 
 Es un dormitorio adecuado para alojar a un guerrero y su caballo; hay espacio suficiente para que se nutra el caballo y duerma el caballero. Los techos son altísimos y suavemente decorados. Los muebles son cosas felpudas, de color vagamente hoja seca, ataviados con espantosos flecos; una parafernalia de estilo que muestra al mismo tiempo signos de la riqueza y huellas de la decadencia. Los tapices pueden haber sido bellos hace sesenta años. Ahora han tomado un invencible color de pisada y un olor apolillado a conversaciones convencionales y difuntas. 
 Para complemento, el personal nervioso que nos esperaba había pensado en todo, menos en la calefacción del gigantesco dormitorio. Matilde y yo pasamos entumidos nuestra primera noche diplomática en París. A la segunda noche la calefacción marchó. Tenía sesenta años de uso y ya se habían inutilizado los filtros. El aire caliente del antiguo sistema sólo dejaba pasar el anhídrido carbónico. No teníamos derecho a quejarnos de frío, como la noche anterior, pero sentíamos las palpitaciones y la angustia del envenenamiento. Tuvimos que abrir las ventanas para que entrara el frío invernal. Tal vez los viejos embajadores se estaban vengando de un arribista que llegaba a suplantarlos sin méritos burocráticos ni timbres genealógicos. 
 Pensamos: debemos buscarnos una casa donde respirar con las hojas, con el agua, con los pájaros, con el aire. Este pensamiento se convertiría con el tiempo en obsesión. Como prisioneros desvelados por su libertad, buscábamos y buscábamos el aire puro fuera de París. 


 Eso de ser embajador era algo nuevo e incómodo para mí. Pero entrañaba un desafío. En Chile había sobrevenido una revolución. Una revolución a la chilena, muy analizada y muy discutida. Los enemigos de adentro y de afuera se afilaban los dientes para destruirla. Por ciento ochenta años se sucedieron en mi país los mismos gobernantes con diferentes etiquetas. Todos hicieron lo mismo. Continuaron los harapos, las viviendas indignas, los niños sin escuelas ni zapatos, las prisiones y los garrotazos contra mi pobre pueblo. 
 Ahora podíamos respirar y cantar. Eso era lo que me gustaba de mi nueva situación. 
 Los nombramientos diplomáticos requieren en Chile la aprobación del senado. La derecha chilena me había halagado continuamente como poeta; hasta hizo discursos en mi honor. Está claro que estos discursos los habrían pronunciado con más regocijo en mis funerales. En la votación del senado para ratificar mi cargo de embajador, me libré por tres votos de mayoría. Los de la derecha y algunos hipócrita-cristianos votaron en mi contra, bajo el secreto de las bolitas blancas y negras. 
 El anterior embajador tenía las paredes tapizadas con las fotografías de sus predecesores en el cargo, sin excepción, además de su propio retrato. Era una impresionante colección de personajes vacíos, salvo dos o tres, entre los cuales estaba el ilustre Blest Gana, nuestro pequeño Balzac chileno. Ordené el descendimiento de los espectrales retratos y los sustituí con figuras más sólidas: cinco efigies grabadas de los héroes que dieron bandera, nacionalidad e independencia a Chile; y tres fotografías contemporáneas: la de Aguirre Cerda, progresista presidente de la república; la de Luis Emilio Recabarren, fundador del partido comunista; y la de Salvador Allende. Las paredes quedaron infinitamente mejor. 
 No sé lo que pensarían los secretarios de la embajada, derechistas en su casi totalidad. Los partidos reaccionarios habían copado la administración del país durante cien años. No se nombraba ni a un portero que no fuera conservador o monárquico. Los demócrata-cristianos a su vez, autodenominándose "revolución en libertad", mostraron una voracidad paralela a la de los antiguos reaccionarios. Más tarde las paralelas convergerían hasta volverse casi una misma línea. 
 La burocracia, los archipiélagos de los edificios públicos, todo quedó lleno de empleados, inspectores y asesores de la derecha, como si nunca en Chile hubieran triunfado Allende y la Unidad Popular, como si los ministros de gobierno no fueran ahora socialistas y comunistas. 
 Por tales circunstancias pedí que se llenara el cargo de consejero de la embajada en París con uno de mis amigos, diplomático de carrera y escritor de relieve. Se trataba de Jorge Edwards. Aunque pertenecía a la familia más oligárquica y reaccionaria de mi país, él era un hombre de izquierda, sin filiación partidista. Lo que yo necesitaba sobre todo era un funcionario inteligente que conociera su oficio y fuera digno de mi confianza. Edwards había sido hasta ese momento encargado de negocios en La Habana. Me habían llegado vagos rumores de algunas dificultades que había tenido en Cuba. Como yo lo conocía por años como un hombre de izquierda, no le di mayor importancia al asunto. 
 Mi flamante consejero llegó de Cuba muy nervioso y me refirió su historia. Tuve la impresión de que la razón la tenían los dos lados, y ninguno de ellos, como a veces pasa en la vida. Poco a poco Jorge Edwards repuso sus nervios destrozados, dejó de comerse las uñas y trabajó conmigo con evidente capacidad, inteligencia y lealtad. Durante aquellos dos años de arduo trabajo en la embajada, mi consejero fue mi mejor compañero y un funcionario, tal vez el único en esa gran oficina, políticamente impecable. 


 Cuando la compañía norteamericana pretendió el embargo del cobre chileno una ola de emoción recorrió a Europa entera. No sólo los periódicos, las televisoras, las radios, se ocuparon preocupadamente de este asunto, sino que una vez más fuimos defendidos por una conciencia mayoritaria y popular. 
 Los estibadores de Francia y de Holanda se negaron a descargar el cobre en sus puertos para significar su repudio a la agresión. Ese maravilloso gesto conmovió al mundo. Tales historias solidarias enseñan más sobre la historia de nuestro tiempo que las cátedras de una universidad. 
 Recuerdo también situaciones más humildes, aunque más conmovedoras. Al segundo día del embargo una modesta señora francesa, de una pequeña ciudad de provincia, nos mandó un billete de cien francos, fruto de sus ahorros para ayudar a la defensa del cobre chileno. Y también una carta de adhesión calurosa, firmada por todos los habitantes del pueblo, el alcalde, el cura párroco, los obreros, los deportistas y los estudiantes. 
 De Chile me llegaban mensajes de centenares de amigos, conocidos y desconocidos, que me congratulaban por mi enfrentamiento a los piratas internacionales en defensa de nuestro cobre. Enviada por una mujer del pueblo recibí una encomienda que contenía un mate de calabaza, cuatro paltas y media docena de ajíes verdes. 
 Al mismo tiempo, el nombre de Chile se había engrandecido en forma extraordinaria. Nos habíamos transformado en un país que existía. Antes pasábamos desapercibidos entre la multitud del subdesarrollo. Ahora por primera vez teníamos fisonomía propia y no había nadie en el mundo que se atreviera a desconocer la magnitud de nuestra lucha en la construcción de un destino nacional. 
 Todo lo que acontecía en nuestra patria apasionaba a Francia y a Europa entera. Reuniones populares, asambleas estudiantiles, libros que se editaban en todos los idiomas, nos estudiaban, nos examinaban, nos retrataban. Yo debía contener a los periodistas que cada día querían saberlo todo y mucho más de todo. El presidente Allende era un hombre universal. La disciplina y la firmeza de nuestra clase obrera era admirada y elogiada. 
 La ardiente simpatía hacia Chile se multiplicó con motivo de los conflictos derivados de la nacionalización de nuestros yacimientos de cobre. Se comprendió en todas partes que éste era un paso gigantesco en la ruta de la nueva independencia de Chile. Sin subterfugios de ninguna especie, el gobierno popular hacía definitiva nuestra soberanía al reconquistar el cobre para nuestra patria. 


RETORNO A CHILE 


 Al volver a Chile me recibió una vegetación nueva en las calles y en los parques. Nuestra maravillosa primavera se había puesto a pintar de verde los follajes forestales. A nuestra vieja capital gris le hacen falta las hojas verdes como el amor al corazón humano. Respiré la frescura de esta joven primavera. Cuando estamos lejos de la patria nunca la recordamos en sus inviernos. La distancia borra las penas del invierno, las poblaciones desamparadas, los niños descalzos en el frío. El arte del recuerdo sólo nos trae campiñas verdes, flores amarillas y rojas, el cielo azulado del himno nacional. Esta vez encontré la bella estación que había sido tantas veces visión de lejanía. 
 Otra vegetación salpicaba los muros de la ciudad. Era el musgo del odio que los tapizaba. Carteles anticomunistas que chorreaban insolencia y mentira; carteles contra Cuba; carteles antisoviéticos; carteles contra la paz y la humanidad; carteles sanguinarios que pronosticaban degollinas y Yakartas. Esta era la nueva vegetación que envilecía los muros de la ciudad. 
 Yo conocía por experiencia el tono y el sentido de esa propaganda. Me tocó vivir en la Europa anterior a Hitler. Era justamente ése el espíritu de la propaganda hitleriana; el derroche de la mentira a todo trapo; la cruzada de la amenaza y el miedo; el despliegue de todas las armas del odio contra el porvenir. Sentí que querían cambiar la esencia misma de nuestra vida. No me explicaba cómo podían existir chilenos que ofendieran de esa manera nuestro espíritu nacional. 


 Cuando el terrorismo fue necesario para la derecha reaccionaria, ésta lo empleó sin escrúpulos. Al general Schneider, jefe supremo del ejército, hombre respetado y respetable que se opuso a un golpe de estado destinado a impedir el acceso de Allende a la presidencia de la república, lo asesinaron. Una variada colección de malvados lo ametralló por la espalda cerca de su casa. La operación fue dirigida por un ex general expulsado de las filas del ejército. La pandilla estaba compuesta por jóvenes pitucos y delincuentes profesionales. 
 Probado el crimen y encarcelado el autor intelectual, éste fue condenado a treinta años de cárcel por la justicia militar. Pero la sentencia fue rebajada a dos años por la Corte Suprema de Justicia. Un pobre diablo que se roba por hambre una gallina, recibe en Chile el doble de la pena que se le asignó al asesino del comandante en jefe del ejército. Es la aplicación clasista de las leyes elaboradas por la clase dominante. 
 El triunfo de Allende constituyó para esa clase dominante un sobresalto macabro. Por primera vez pensaron que las leyes tan cuidadosamente fabricadas les pudieran pegar a ellos en la cabeza. Corrieron con sus acciones, sus joyas, sus billetes, sus monedas de oro, a refugiarse en alguna parte. Se fueron a la Argentina, a España, incluso llegaron a Australia. El terror del pueblo los habría hecho llegar fácilmente al Polo Norte. 
 Después regresarían. 


FREI 


 El camino chileno, limitado en todas partes por obstáculos infernales y legales, fue en todo instante estrictamente constitucional. Mientras tanto, la oligarquía recompuso su traje agujereado y se transformó en facción fascista. El bloqueo norteamericano se hizo más implacable a raíz de la nacionalización del cobre. La ITT, de acuerdo con el ex presidente Frei, echó a la Democracia Cristiana en brazos de la nueva derecha fascista. 
 Las personalidades recíprocas y antagónicas de Allende y Frei han preocupado a Chile en forma permanente. Tal vez por eso mismo, porque son hombres tan diferentes, caudillos a su manera en un país sin caudillismo, cada uno con sus propósitos y con su camino bien delimitado. 
 Creo haber conocido bien a Allende; no tenía nada de enigmático. En cuanto a Frei, me tocó ser colega suyo en el senado de la república. Es un hombre curioso, sumamente premeditado, muy alejado de la espontaneidad allendista. No obstante, estalla a menudo en risas violentas, en carcajadas estridentes. A mí me gusta la gente que se ríe a carcajadas (yo no tengo ese don). Pero hay carcajadas y carcajadas. Las de Frei salen de un rostro preocupado, serio, vigilante de la aguja con que cose su hilo político vital. Es una risa súbita que asusta un poco, como el graznido de ciertas aves nocturnas. Por lo demás, su conducta suele ser parsimonioso y fríamente cordial. 
 Su zigzagueo político me deprimió muchas veces antes de que me desilusionara por completo. Recuerdo que una vez me vino a ver a mi casa de Santiago. Flotaba en ese entonces la idea de un entendimiento entre comunistas y demócrata-cristianos. Estos no se llamaban aún así, sino Falange Nacional, un nombre horrendo adoptado bajo la impresión que les había causado el joven fascista Primo de Rivera. Luego, pasada la guerra española, Maritain los influenció y se convirtieron en antifascistas y cambiaron de nombre. 
 Mi conversación fue vaga pero cordial. A los comunistas nos interesaba entendernos con todos los hombres y sectores de buena voluntad; aislados no llegaríamos a ninguna parte. Dentro de su natural evasivo, Frei me confirmó su aparente izquierdismo de ese tiempo. Se despidió de mí regalándome una de esas carcajadas que se le caen como piedras de la boca. "Seguiremos hablando", dijo. Pero dos días después comprendí que nuestra conversación había terminado para siempre. 
 Después del triunfo de Allende, Frei, un político ambicioso y frío, creyó indispensable una alianza reaccionaria suya para retomar al poder. Era una mera ilusión, el sueño congelado de una araña política. Su tela no sobrevivirá; de nada le valdrá el golpe de estado que ha propiciado. El fascismo no tolera componendas, sino acatamiento. La figura de Frei se hará cada año más sombría. Y su memoria tendrá que encarar algún día la responsabilidad del crimen. 


TOMIC 


 Me interesó mucho el partido demócrata-cristiano desde su nacimiento, desde que abandonó el nombre inadmisible de Falange. Surgió cuando un grupo reducido de intelectuales católicos formó una élite maritainista y tomista. Este pensamiento filosófico no me preocupó; tengo una indiferencia natural hacia los teorizantes de la poesía, de la política, del sexo. Las consecuencias prácticas de aquel pequeño movimiento se dejaron notar en forma singular, inesperada. Logré que algunos jóvenes dirigentes hablaran en favor de la República española, en los grandes mítines que organicé a mi regreso de Madrid combatiente. Esa participación era insólita; la vieja jerarquía eclesiástica, impulsada por el Partido Conservador, estuvo a punto de disolver el nuevo partido. la intervención de un obispo precursor los salvó del suicidio político. La declaración del prelado de Talca permitió la sobrevivencia del grupo que con el tiempo se transformaría en el partido político más numeroso de Chile. Su ideología cambió totalmente con los años. 
 Después de Frei, el hombre más importante entre los demócrata-cristianos ha sido Radomiro Tomic. Lo conocí en mi época de parlamentario, en medio de huelgas y giras electorales por el norte de Chile. Los demócrata-cristianos de entonces nos perseguían (a los comunistas) para tomar parte en nuestros mítines. Nosotros éramos (y seguimos siéndolo) la gente más popular en el desierto del salitre y del cobre, es decir, entre los más sacrificados trabajadores del continente americano. De allí había salido Recabarren, allí habían nacido la prensa obrera y los primeros sindicatos. Nada de ello habría existido sin los comunistas. 
 Tomic era por esa época, no sólo la mejor esperanza de los demócrata-cristianos, sino su personalidad más atrayente y su verbo más elocuente. 
 Las cosas habían cambiado mucho en 1964, cuando la democracia cristiana ganó las elecciones que llevaron a Frei a la presidencia de la república. La campaña del candidato que triunfó sobre Allende se hizo sobre una base de inaudita violencia anti comunista, orquestada con avisos de prensa y radio que buscaban aterrorizar a la población. Aquella propaganda ponía los pelos de punta: las monjas serían fusiladas; los niños morirían ensartados en bayonetas por barbudos parecidos a Fidel; las niñas serían separadas de sus padres y enviadas a Siberia. Se supo más tarde, por declaraciones hechas ante la comisión especial del senado norteamericano, que la CIA gastó veinte millones de dólares en aquella truculenta campaña de terror. 
 Una vez ungido presidente, Frei hizo un presente griego a su único y gran rival en el partido: designó a Radomiro Tomic como embajador de Chile en los Estados Unidos. Frei sabía que su gobierno iba a renegociar con las empresas norteamericanas del cobre. En ese momento todo el país pedía la nacionalización. Como un experto prestidigitador, Frei cambió el término por el de "chilenización" y remachó con nuevos convenios la entrega de nuestra principal riqueza nacional a los poderosos consorcios Kennecot y Anaconda Copper Company. El resultado económico para Chile fue monstruoso. El resultado político para Tomic fue muy triste: Frei lo había borrado del mapa. Un embajador de Chile en los Estados Unidos, que hubiese colaborado en la entrega del cobre, no sería apoyado por el pueblo chileno. En las siguientes elecciones presidenciales, Tomic ocupó penosamente el tercer lugar entre tres candidatos. 
 Poco después de renunciar a su cargo de embajador en USA, a comienzos de 1971, Tomic vino a verme en Isla Negra. Estaba recién llegado del Norte y aún no era oficialmente candidato a la presidencia. Nuestra amistad se había mantenido en medio de las marejadas políticas, como se mantiene todavía. Pero difícilmente pudimos entendernos aquella vez. El quería una alianza más amplia de las fuerzas progresistas, sustitutivas de nuestro movimiento de Unidad Popular, bajo el título de Unión del Pueblo. Tal propósito resultaba imposible; su participación en las negociaciones cupríferas inhabilitaba su candidatura ante la izquierda política. Además, los dos grandes partidos básicos del movimiento popular, el comunista y el socialista, eran ya mayores de edad, con capacidad para llevar a la presidencia a un hombre de sus filas. 
 Antes de marcharse de mi casa, bastante desilusionado por cierto, Tomic me hizo una revelación. El ministro de Hacienda demócrata-cristiano, Andrés Zaldívar, le había mostrado documentalmente la bancarrota de la realidad económica del país en ese momento. —Vamos a caer en un abismo —me dijo Tomic—La situación no da para cuatro meses más. Esto es una catástrofe. Zaldívar me ha dado todos los detalles de nuestra quiebra inevitable. 
 Un mes después de elegido Allende, y antes de que asumiera la presidencia de la república, el mismo ministro Zaldívar anunció públicamente el inminente desastre económico del país; pero esta vez lo atribuyó a las repercusiones internacionales provocadas por la elección de Allende. Así se escribe la historia. Por lo menos así la escriben los políticos torcidos y oportunistas como Zaldívar. 


ALLENDE  

 Mi pueblo ha sido el más traicionado de este tiempo. De los desiertos del salitre, de las minas submarinas del carbón, de las alturas terribles donde yace el cobre y lo extraen con trabajos inhumanos las manos de mi pueblo, surgió un movimiento liberador de magnitud grandiosa. Ese movimiento llevó a la presidencia de Chile a un hombre llamado Salvador Allende para que realizara reformas y medidas de justicia inaplazables, para que rescatara nuestras riquezas nacionales de las garras extranjeras. 
 Donde estuvo, en los países más lejanos, los pueblos admiraron al presidente Allende y elogiaron el extraordinario pluralismo de nuestro gobierno. jamás en la historia de la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, se escuchó una ovación como la que le brindaron al presidente de Chile los delegados de todo el mundo. Aquí, en Chile, se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la constitución y la ley, la democracia y la esperanza. 
 Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados. Unos y otros daban vueltas en el carrusel del despacho. Iban tomados de la mano el fascista Jarpa con sus sobrinos de "Patria y Libertad", dispuestos a romperle la cabeza y el alma a cuanto existe, con tal de recuperar la gran hacienda que ellos llamaban Chile. Junto con ellos, para amenizar la farándula, danzaba un gran banquero y bailarín, algo manchado de sangre; era el campeón de rumba González Videla, que rumbeando entregó hace tiempo su partido a los enemigos del pueblo. Ahora era Frei quien ofrecía su partido demócrata-cristiano a los mismos enemigos del pueblo, y bailaba al son que éstos le tocaran, y bailaba además con el ex coronel Viaux, de cuya fechoría fue cómplice. Estos eran los principales artistas de la comedia. Tenían preparados los víveres del acaparamiento, los "miguelitos", los garrotes y las mismas balas que ayer hirieron de muerte a nuestro pueblo en Iquique, en Ranquin, en Salvador, en Puerto Montt, en la José María Caro, en Frutillar, en Puente Alto y en tantos otros lugares. Los asesinos de Hernan Mery bailaban con los que deberían defender su memoria. Bailaban con naturalidad, santurronamente. Se sentían ofendidos de que les reprocharan esos "pequeños detalles". 


 Chile tiene una larga historia civil con pocas revoluciones y muchos gobiernos estables, conservadores y mediocres. Muchos presidentes chicos y sólo dos presidentes grandes: Balmaceda y Allende. Es curioso que los dos provinieran del mismo medio, de la burguesía adinerada, que aquí se hace llamar aristocracia. 
 Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras. 
 Allende fue asesinado por haber nacionalizado la otra riqueza del subsuelo chileno, el cobre. En ambos casos la oligarquía chilena organizó revoluciones sangrientas. En ambos casos los militares hicieron de jauría. Las compañías inglesas en la ocasión de Balmaceda, las norteamericanas en la ocasión de Allende, fomentaron y sufragaron estos movimientos militares. 
 En ambos casos las casas de los presidentes fueron desvalijadas por órdenes de nuestros distinguidos "aristócratas". Los salones de Balmaceda fueron destruidos a hachazos. La casa de Allende, gracias al progreso del mundo, fue bombardeada desde el aire por nuestros heroicos aviadores. 
 Sin embargo, estos dos hombres fueron muy diferentes. Balmaceda fue un orador cautivante. Tenía una complexión imperiosa que lo acercaba más y más al mando unipersonal. Estaba seguro de la elevación de sus propósitos. En todo instante se vio rodeado de enemigos. Su superioridad sobre el medio en que vivía era tan grande, y tan grande su soledad, que concluyó por reconcentrarse en sí mismo. El pueblo que debía ayudarle no existía como fuerza, es decir, no estaba organizado. Aquel presidente estaba condenado a conducirse como un iluminado, como un soñador: su sueño de grandeza se quedó en sueño. Después de su asesinato, los rapaces mercaderes extranjeros y los parlamentarios criollos entraron en posesión del salitre: para los extranjeros, la propiedad y las concesiones; para los criollos, las coimas. Recibidos los treinta dineros, todo volvió a su normalidad. La sangre de unos cuantos miles de hombres del pueblo se secó pronto en los campos de batalla. Los obreros más explotados del mundo, los de las regiones del norte de Chile, no cesaron de producir inmensas cantidades de libras esterlinas para la city de Londres. 
 Allende nunca fue un gran orador. Y como estadista era un gobernante que consultaba todas sus medidas. Fue el antidictador, el demócrata principista hasta en los menores detalles. Le tocó un país que ya no era el pueblo bisoño de Balmaceda; encontró una clase obrera poderosa que sabía de qué se trataba. Allende era un dirigente colectivo; un hombre que, sin salir de las clases populares, era un producto de la lucha de esas clases contra el estancamiento y la corrupción de sus explotadores. Por tales causas y razones, la obra que realizó Allende en tan corto tiempo es superior a la de Balmaceda; más aún, es la más importante en la historia de Chile. Sólo la nacionalización del cobre fue una empresa titánica, y muchos objetivos más que se cumplieron bajo su gobierno de esencia colectiva. 
 Las obras y los hechos de Allende, de imborrable valor nacional, enfurecieron a los enemigos de nuestra liberación. El simbolismo trágico de esta crisis se revela en el bombardeo del palacio de gobierno; uno evoca la Blitz krieg de la aviación nazi contra indefensas ciudades extranjeras, españolas, inglesas, rusas; ahora sucedía el mismo crimen en Chile; pilotos chilenos atacaban en picada el palacio que durante dos siglos fue el centro de la vida civil del país. 
 Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte a mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se Mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente —sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver. La versión de los agresores es que hallaron su cuerpo inerte, con muestras visibles de suicidio. La versión que ha sido publicada en el extranjero es diferente. A renglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el presidente de la república de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su gran corazón envuelto en humo y llamas. 
 Tenían que aprovechar una ocasión tan bella. Había que ametrallarlo porque jamás renunciaría a su cargo. Aquel cuerpo fue enterrado secretamente en un sitio cualquiera. Aquel cadáver que marchó a la sepultura acompañado por una sola mujer que llevaba en sí misma todo el dolor del mundo. Aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile. 




Dice la gente, sí. No cabe duda que el más gallo se llama. Pablo Neruda.





lunes, abril 12, 2010

La ignorancia es felicidad

Me encuentro en una etapa de la vida en que comienzo a sentirme realmente feliz. Esto se debe en gran parte a que he aumentado mi ignorancia.
Me mantengo ignorante de todo lo que sucede en mi ciudad, en mi país y en el mundo. En lugar de visitar sitios alternativos de informacion y algún que otro diario pseudos-progresista del momento, sitios de historia, etc, ahora solo veo fotos de mis amigos en facebook y participo de encuestas del tipo: ¿Crees que fulanito te quiere?, veo películas donde los negros son delincuentes, los latinos son traficantes, los árabes terroristas y los norteamericanos, Superman.
De arreglar y armar computadoras, hoy solo las uso. Atrás quedaron las doradas horas y días escribiendo código en betustos lenguajes de programacion. Ya no escribo HTML ni PHP al cual renuncie casi sin llegar a conocerlo, con suerte manejo un sistema de blog.
Los diagramas de flujo de datos quedaron en el pasado y me siento un tonto soberbio por haberle dicho a una profesora que estaba dando mal los conceptos básicos de ese tema en el terciario donde estudie Análisis de Sistemas.
Olvidar lo aprendido no es tan difícil, lo estoy logrando a pasos agigantados.
Mantener mi mente distraída es aun más fácil.
Ahora creo lo que dicen en los medios de comunicación, no me importa si son oficialistas u oposición, si se contradicen o no, yo creo fervientemente en todo y defiendo a muerte lo que ambos dicen, soy un ejemplo de libertad de expresión.
La televisión es verdad revelada.
Recuerdo que en asados a los que concurría, esperaban algo ingenioso de mi parte y vi que aquello que lindaba lo vulgar tenia éxito, mas que las reflexiones chistosas y pretensiosas de inteligencia.
Esto me hizo pensar que quizás debía dejar de lado las reflexiones y las ideas, debía ser vulgar y grotesco pero sin exagerar.
Ahora me muestro de acuerdo con las opiniones con más adeptos y soy más aceptado que antes.
Estoy aprendiendo a que una conversación dura menos de cinco minutos que deben limitarse a una respuesta rápida, en lo posible monosilábica.
Estoy aprendiendo que un texto como este es demasiado largo.
Le estoy tomando el gusto a ignorar a otros y no prestarles atención.
Esto es, amigos míos, liberador. No me siento atado a nada.
El conocimiento es dependencia, es ignorancia, la verdadera ignorancia. El conocimiento nos aleja de la alegría, el “saber” nos aleja de la felicidad, nos indispone uno con otros, nos diferencia, nos contrapone, nos enfrenta.
Lo que mal llamamos “ignorancia” es la verdad, es el verdadero conocimiento.
Parte de este problema es la educación, fuimos mal educados. Por suerte hace años que se viene corrigiendo este grave error.
Yo soy afortunado porque me di cuenta y estoy haciendo algo por mí.
Ahora lo sé, pero un ida lo olvidare porque habré echo “carne” estas nociones, estos descubrimientos.
Ya no existirá en mi la sensación de haber descubierto algo, simplemente será.
Olvidare todo esto, lo ignorare y seré feliz completamente.

viernes, mayo 01, 2009

BURGUESES Y PROLETARIOS

Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases.
Una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.
La sociedad dividida casi por doquier en una serie de estamentos, dentro de cada uno de los cuales reina, a su vez, una nueva jerarquía social de grados y posiciones.
La sociedad burguesa no ha abolido los antagonismos de clase.
La época de la burguesía, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez más abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagónicas: la burguesía y el proletariado.
De los siervos de la gleba de la Edad Media surgieron los “villanos” de las primeras ciudades; y estos villanos fueron el germen de donde brotaron los primeros elementos de la burguesía.
La moderna burguesía es producto de un largo proceso histórico, fruto de una serie de transformaciones radicales operadas en el régimen de cambio y de producción.
A cada etapa de avance recorrida por la burguesía corresponde una nueva etapa de progreso político.
Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.
Echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas.
Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.
La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción y con él todo el régimen social.
La época de la burguesía se caracteriza y distingue, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita.
Destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por industrias de todas las partes del mundo.
Ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones.
El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas.
La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad, intensifica la población urbana. La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.
La burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas.
La historia de la industria y del comercio no es más que la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía.
La sociedad posee demasiada civilización, demasiados recursos, demasiada industria, demasiado comercio. Las condiciones sociales burguesas resultan ya demasiado angostas para abarcar la riqueza por ellas engendrada.
Se sobrepone a las crisis destruyendo violentamente una gran masa de fuerzas productivas y conquistándose nuevos mercados, a la par que procurando explotar más concienzudamente los mercados antiguos. Es decir, que remedia unas crisis preparando otras más extensas e imponentes y mutilando los medios de que dispone para precaverlas.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, esa clase obrera moderna que sólo puede vivir encontrando trabajo y que sólo encuentra trabajo en la medida en que éste alimenta a incremento el capital. El obrero, obligado a venderse a trozos, es una mercancía como otra cualquiera, sujeta, por tanto, a todos los cambios y modalidades de la concurrencia, a todas las fluctuaciones del mercado.
Con la extensión de la maquinaria y la división del trabajo. El trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza. Y ya se sabe que el precio de una mercancía equivale a su coste de producción. Cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc.
Este despotismo es tanto más mezquino, más execrable, más indignante, cuanta mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.
Ya no rigen para la clase obrera las diferencias de edad y de sexo. Son todos, hombres, mujeres y niños, meros instrumentos de trabajo, entre los cuales no hay más diferencia que la del coste.
Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.
Toda una serie de elementos modestos que venían perteneciendo a la clase media, son absorbidos por el proletariado; unos, porque su pequeño caudal no basta para alimentar las exigencias de la gran industria y sucumben arrollados por la competencia de los capitales más fuertes, y otros porque sus aptitudes quedan sepultadas bajo los nuevos progresos de la producción. Todas las clases sociales contribuyen, pues, a nutrir las filas del proletariado.
El proletariado recorre diversas etapas antes de fortificarse y consolidarse.
En esta primera etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y desunida por la concurrencia. Las concentraciones de masas de obreros no son todavía fruto de su propia unión, sino fruto de la unión de la burguesía. En esta etapa, los proletarios no combaten contra sus enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los grandes señores de la tierra, los burgueses no industriales, los pequeños burgueses.
El desarrollo de la industria no sólo nutre las filas del proletariado, sino que las aprieta y concentra; sus fuerzas crecen, y crece también la conciencia de ellas.
Las colisiones entre obreros y burgueses aislados van tomando el carácter, cada vez más señalado, de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a coaligarse contra los burgueses, se asocian y unen para la defensa de sus salarios.
Arrancan algún triunfo que otro, pero transitorio siempre. El verdadero objetivo de estas luchas es ir extendiendo y consolidando la unión obrera.
Toda lucha de clases es una acción política. Esta organización de los proletarios como clase, que tanto vale decir como partido político, avanza y triunfa siempre, a pesar de todo, cada vez más fuerte, más firme, más pujante. Y aprovechándose de las discordias que surgen en el seno de la burguesía, impone la sanción legal de sus intereses propios.
La burguesía lucha contra la aristocracia, contra aquellos sectores de la propia burguesía cuyos intereses chocan con los progresos de la industria, y contra la burguesía de los demás países.
Para esto apela al proletariado así a la palestra política y le suministra elementos de fuerza, es decir, armas contra sí misma.
Los progresos de la industria traen a las filas proletarias a toda una serie de elementos de la clase gobernante, o a lo menos los colocan en las mismas condiciones de vida. Y estos elementos suministran al proletariado nuevas fuerzas.
En aquellos períodos en que la lucha de clases está a punto de decidirse, es tan violento y tan claro el proceso de desintegración de la clase gobernante que una pequeña parte de esa clase se desprende de ella y abraza la causa revolucionaria, pasándose a la clase que tiene en sus manos el porvenir.
De todas las clases hay una verdaderamente revolucionaria: el proletariado. Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar.
Los elementos de las clases medias luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales clases. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Todo lo que tienen de revolucionario es lo que mira a su tránsito inminente al proletariado; con esa actitud no defienden sus intereses actuales, sino los futuros; se despojan de su posición propia para abrazar la del proletariado.
El proletariado andrajoso, esa putrefacción pasiva de las capas más bajas de la vieja sociedad, se verá arrastrado en parte al movimiento por una revolución proletaria, si bien las condiciones todas de su vida lo hacen más propicio a dejarse comprar como instrumento de manejos reaccionarios.
El proletario carece de bienes. Las leyes, la moral, la religión, son para él otros tantos prejuicios burgueses tras los que anidan otros tantos intereses de la burguesía. Todas las clases que le precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posiciones adquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición. Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad. Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.
Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa.
Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional. Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía.
Hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras. Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento.
La burguesía es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella. La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad.



Nota: Extractos del Manifiesto Comunista



martes, octubre 09, 2007

Actualizacion politica y doctrinaria para la toma del poder

Fragmentos del testimonio fílmico realizado por el Grupo Cine Liberación: Fernando Pino Solanas, Octavio Gettino y Gerardo Chango Vallejo.
Se han quitado las referencias directas al Justicialismo y se han modificado algunas expresiones a fin de dejar un texto mas universal y no dirigido al movimiento peronista. Para darle un caracter mas general dentro de lo posible sin alterar demasiado el pensamiento del general Juan Peron.
Las modificaciones fueron hechas por mi, que si bien puedo discrepar en algunos conceptos, considero muy interesante el testimonio y decidi publicar esta adaptacion intentando no alterar el mensaje. La version original puede encontrarse de forma gratuita en internet en varios sitios. Tambien se consigue en internet la filmacion.
La unidad y la identificación del enemigo. El problema de la liberación.

Es indudable que el capitalismo que se instaura como sucesor del medioevo, trae consigo la empresa, la máquina que modifica extraordinariamente la actividad de la comunidad.

La etapa capitalista
No podemos negar que en los dos siglos de acción del capitalismo, el mundo -técnica y científicamente- ha progresado más que en los diez siglos precedentes.Aunque, indudablemente, ese progreso ha gravitado sobre las espaldas de los pueblos, que han vivido sacrificados y miserables durante esos dos siglos. Llegamos a este momento en que se ha producido una gran revolución, con aspiraciones de ser revolución mundial, la Revolución Rusa, y que un sinnúmero de revoluciones ha explotado en el mundo como reacción contra ese sistema, que impone el sacrificio de los pueblos para el avance científico y técnico de la humanidad.

La etapa socialista
Indudablemente que hoy los pueblos están muy esclarecidos en razón de los medios de comunicación; de la televisión, de la radio, los diarios, las revistas, en fin... Eso ha esclarecido las masas populares que han llegado a darse cuenta de que se prepara para el futuro otro sacrificio semejante, para también obtener un progreso parecido. y ya no quieren los pueblos que eso se realice sobre el sacrificio, el dolor, el hambre y la miseria de ellos.Entonces es necesario que los pueblos trabajen con un grado de dignidad, para un progreso técnico y científico de la humanidad, que quizá no sea tan grande como el que ha venido asegurando el capitalismo, pero, por lo menos, que no sea sobre el sacrificio de nadie. Pueblos felices, trabajando por la grandeza de un mundo futuro, pero sin sacrificios y sin dolor. Que eso es lo humano, que eso es lo natural, y que es también lo científico.

El antiimperialismo del Tercer Mundo

L
a evolución de la humanidad ha ido hacia integraciones mayores: del hombre a la familia, la tribu, el estado primitivo, el estado feudal, la nacionalidad.La etapa que sigue: continentalismo. Y la última integración, que es el universalismo como aspiración de una humanidad realizada.

Liberación nacional y social Liberación continental
La continuidad de la vieja guerra por la segunda independencia

En nuestro país no es un secreto para nadie que el imperio inglés se fundó sobre los despojos del imperio espanol. Nosotros, colonia espanola, pasamos a ser colonia inglesa.

La línea entreguista
Por eso en la Argentina ha habido una línea anglosajona y una línea hispánica. La línea hispánica ha sido la que siguió con la idea independentista, la otra es la línea colonial.

La línea nacional
Y en nuestro país la línea nuestra es la línea, diremos, de la Primera Junta, que era independentista. De Rosas que defendió eso, de Irigoyen, que fue otro hombre que también defendió eso.
Todos los demás gobiernos argentinos han pertenecido a la línea anglosajona y la han servido, de una manera directa o indirecta. De manera que todo esto tiene una continuidad histórica, porque los países están viviendo el reflejo del resto del mundo.


La integración latinoamericana La Patria Grande
Hoy vemos auspiciosamente surgir revoluciones salvadoras en varios países hermanos del continente: Cuba, Chile, Perú, son dignos espejos en los que han de mirarse muchos otros latinoamericanos que luchan por la liberación.
Ahora es preciso que, sin pérdida de tiempo, se unan férreamente, para conformar una integración que nos lleve de una buena vez a constituir la patria grande que la historia está demandando desde hace casi dos siglos, y por la que debemos luchar todos los que anhelamos que nuestros actuales países dejen de ser factorías del imperialismo, y tomen de una vez el camino de grandeza que nos corresponde por derecho propio.

El futuro de un mundo superpoblado, y super industrializado será de los que dispongan de mayores reservas de comida y materia prima. Pero la historia prueba que tales reservas son solución sólo si se las sabe y se las quiere defender contra el atropello abierto o disimulado de los imperialistas.

Sacrificar pasiones e intereses
Es indudable que el hombre no puede ser perfecto, entonces tiene sus pasiones y tiene sus intereses. Las pasiones y los intereses individuales son los que desvían y deforman la actuación. Porque no podemos pedir que haya un santo o un héroe, ésos no salen todos los días. Es bastante con que sea un hombre con sentido y con sentimientos. Es lo que más podemos exigir.
El defecto más grande de todos será no ser un hombre del pueblo.

En la política esto es tan cierto como en la vida.

"Que todos sean artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie".


Compańeros y aliados, traidores y enemigos
Quien no lucha contra el enemigo ni por la causa del pueblo, es un traidor. Quien lucha contra el enemigo y por la causa del pueblo, es un compañero. Y quien lucha contra un compañero es un enemigo o un traidor.
Dice Mao Tsé Tung que el que lucha contra un compañero es que se ha pasado al bando contrario.

Ahora hay que tener en cuenta que cuando aparece un hombre dentro de un movimiento que lucha contra otro hombre del Movimiento puede ser que se haya pasado de bando. Pero generalmente defiende un interés no un ideal, porque el que defiende un ideal no puede tener controversias con otro que defiende el mismo ideal.
Es que en la política además de los ideales juegan los intereses, desgraciadamente. Cualesquiera que sean sus intereses no deben estar sobre el ideal que todos defendemos y por el cual todos debemos luchar.
La conducción debe ejercer sobre todas las fuerzas -sin violencia- su acción persuasiva. Es decir, que el que conduce el conjunto debe ser una suerte de Padre Eterno que bendice urbi et orbe, e influenciar a todos para que esa bendición los alcance en forma de encaminarlos hacia el objetivo y desviarlos de los objetivos sospechosos, que sostienen intereses parciales, porque en política, sobre todo en el ambiente dirigente, es donde están todos los problemas; en la masa no hay ningún problema. Es que entre los dirigentes sucede que a menudo cada uno de ellos lleva un gallito bajo el brazo, y defien
de sus intereses y los intereses de su gallito. Esto es, indudablemente, en este momento perceptible. Pero debe ser corregido.
Cuando hay dirigentes que no están en lo que están todos los demás dirigentes, hay que desconfiar de ellos. Esos andan en algo inconfesable, aunque den otras razones.

El Movimiento se encarga de aplicar las sanciones.

Los que trabajan en todos los frentes de superficie, a los que trabajan, digamos, en organizaciones de activistas, con todos...Todos están luchando por lo mismo, porque el dispositivo de la lucha táctica necesita estar articulado: unos están en una acción contemplativa, otros están en una acción de superficie, otros están en una acción violenta y activa, otros se están preparando para la futura acción con estudios tecnológicos, etc. Cada uno de ellos está trabajando para lo mismo.

Identificar aliados y enemigos
Un aliado es el que trabaja por la misma causa que trabajamos nosotros. También lo dice Mao: -Lo primero que el hombre ha de discernir cuando conduce es establecer, claramente, cuáles son sus amigos y cuáles sus enemigos.
Todo el que lucha por la misma causa que luchamos nosotros, es un companero de lucha, piense como piense.

Los enemigos de la patria son los enemigos del pueblo.

La Argentina actual es un satélite del imperialismo yanqui y su gobierno está al servicio de la oligarquía y de la burguesía.

Su pueblo, lógicamente, está tan en contra del imperialismo como de la oligarquía y de la burguesía, pero especialmente opuesto al gobierno que les sirve y a las fuerzas de ocupación que lo hacen
posible.

La unidad y la solidaridad
En la lucha cada uno agrega una pequena acción. Porque no se le puede pedir a un movimiento multitudinario que esté formado por santos y por héroes. Hay héroes y hay santos, pero no son todos. Los demás son hombres. Entonces somos solidarios en mayor medida con aquellos que se someten a un mayor sacrificio, eso es lo usual, eso es lo natural. Por eso digo, la solidaridad de que yo he hablado es para conseguir la unidad. La unidad nos da la fuerza, la solidaridad nos da la cohesión, y mantiene esa cohesión.
Conducción política y guerra integral

Lo que necesitamos es organizarnos.
Las masas no valen ni por el número ni por la capacidad de sus componentes, valen por la clase de dirigentes que tienen a su frente.

De ahí la importancia de los dirigentes de conducción y de los dirigentes de encuadramiento.

Los de conducción se encargan de la conducción estratégica, y los de encuadramiento de la ejecución de la lucha táctica. Pero todo esto necesita una unidad de concepción y una unidad de acción.

La unidad de concepción pertenece al comando estratégico y la unidad de acción pertenece a los comandos de la lucha táctica. Así debe ser, desde un punto de vista ideal, la organización de las fuerzas. Indudablemente que de la clase de conductor que se tenga depende en gran medida el éxito a que debe aspirarse.


Conducir no es mandar, conducir es persuadir
Conducir, no es como muchos creen, mandar.Conducir es distinto a mandar. Mandar es obligar; conducir es persuadir, y al hombre siempre es mejor persuadirlo que obligarlo.
En la conducción política ésta es una regla que no se puede romper en ningún caso.

Ahora, en la conducción política hay una serie de principios que conforman, diremos así, la teoría de la conducción, de la economía de fuerzas, la sorpresa, la continuidad del esfuerzo, en fin, un sinnúmero de principios que se realizan todos sobre un núcleo central, que es el principio de la economía de fuerza que dice que no se debe ser fuerte en todas partes para vencer políticamente; es suficiente ser más fuerte en el momento y en el lugar donde se produce la decisión. Todos los demás
principios obedecen a este, diremos, principio nuclear; sirven a ese principio todos los demás. Porque en esto parece que -como la organización de todas las cosas- es nuclear.

El estudio y la práctica
Jamás en la conducción política hay que obligar a nadie. Hay que persuadir a todo el que se pueda para que hagan las cosas sin forzar los acontecimientos.
En política no hay nada directo, no hay nada violento, no hay nada que llegue a forzar la voluntad de los hombres, sino a promover esa voluntad, concebirla y lanzarla.

El conductor político es un hombre que hace por reflejo lo que el pueblo quiere. El recibe la inspiración del pueblo, él la ejecuta y entonces pueden tener la absoluta seguridad que lo va a realizar mejor
porque los pueblos difícilmente se equivocan.
Para conducir un pueblo la primera condición es que uno haya salido del pueblo. Que sienta y piense como el pueblo. Quien se dedica a la conducción debe ser profundamente humanista.

El conductor siempre trabaja para los demás. Jamás para él. Hay que vivir junto a la masa, sentir sus emociones y entonces recién se podrá unir lo técnico a lo real.

La política no se aprende, la política se comprende, y solamente comprendiéndola es como es posible realizarla racionalmente.

Hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido.

El éxito será siempre para éste que la haya comprendido, no para el otro que pretendió aprenderla. Porque la política es una sucesión de hechos concretos, en cada uno de los cuales las circunstancias varían diametralmente, hay cosas que son semejantes y que pueden dar inspiración, pero igual no hay nada.

En política nada hay igual
De manera que la experiencia está en comprender la política para ser más sabio en todas las ocasiones y no pretender aprenderla porque sabemos que la sucesión de hechos concretos y diferentes no dan ensenanza para ninguna ejecución política. Es decir, la juventud debe saber que para poder conducir han de prepararse en esto. La conducción por amateur no puede ser proficua en éxito. Es necesario dominar este arte.
El que quiera ser dirigente y no domine el arte de la conducción, y bueno, no va a llegar nunca lejos. Por eso es difícil encontrar hombres que sean capaces en la conducción, porque esto no se aprende de otra manera que sometiéndose a una disciplina científica, que dé los grandes conocimientos necesarios para abarcar el panorama, con una sensibilidad que es indispensable y una imaginación sin la cual no vale nada ver las cosas. Entonces con sensibilidad o imaginación, ver, base para apreciar; apreciar, base para resolver; y resolver, base para actuar. El deber de vencer es indispensable en la conducción. Aquel conductor que no sienta el deber de vencer, difícilmente va a vencer en cualquier acción.

El que quiere conducir con éxito tiene que exponerse. El que
quiera éxitos mediocres, que no se exponga nunca, y si no quiere cometer ningún error lo mejor es que nunca haga nada

Conducción estratégica y conducción táctica
Lo estratégico toma el conjunto de las operaciones. El conductor estratégico tiene cuatro misiones: mantener la unidad del Movimiento; mantener la unidad de doctrina; encargarme de las relaciones internacionales y revisar las grandes decisiones tácticas, que puedan tener influencia en la situación del conjunto.
El comando estratégico maneja el conjunto, sin detallar. La conducción táctica maneja la lucha en el teatro de operaciones.

Táctica es la lucha directa. Estrategia es la conducción de conjunto.

La lucha electoral es táctica. Ahora la orientación de eso lo da la estrategia.

No se puede decir cuando termina la estrategia y cuando termina la táctica, están ensambladas una contra otra y muchas veces, si no hay tiempo, y es necesario, la conducción táctica toma una medida estratégica y la consulta después con el Comando. Actúa a través de las directivas que él recibe del Comando Estratégico. Pero él actúa, él es el ejecutor de las decisiones estratégicas, el ejecutor en el teatro de operaciones donde no está el conductor estratégico.

Puede haber un comando general para manejar todo cuanto es posible, pero si no es posible eso, hay varios comandos tácticos que actúan por cuerdas separada.

La lucha táctica hay que manejarla encima. Táctica
es la lucha directa, estrategia es la conducción del conjunto.

La persecución del enemigo con todos los medios y todas las fuerzas y todas las acciones de lucha
Es indudable que la articulación, tanto del dispositivo estratégico como del dispositivo táctico para la lucha, trae, en algunos sectores, un cierto grado de confusión, porque no todos pueden comprender ni conocer lo que se está realizando a su lado, lo que indica que cuando uno está en una lucha de esa naturaleza, y está conduciendo una lucha de conjunto, cada uno debe mirar al frente, no mirar al costado, el companero está también en una tarea y en una acción.

Los tres empeńos de lucha

La guerra revolucionaria

La guerra revolucionaria es una guerra larga, sumamente larga y muy cruenta, donde el sacrificio de los hombres es una cosa penosa y prolongada, y quizás ése sea un camino si no hay otro camino.

La vía electoral

Quizás el camino mejor fuera la normalización institucional. Es la que se puede alcanzar en menos tiempo. ahora, tiene un inconveniente, la mala intención.

El enemigo se defiende
Pero siempre que un enemigo se siente vencido busca la negociación, busca la mesa de negociaciones y algunos quieren hacer trampa.

Dispositivo táctico
En los dispositivos políticos de superficie hay un sector que esta en la mesa de negociaciones, donde no debe haber un tonto, empecemos por ahí, otro sector esta en la acción política, persiguiendo, diremos incruentamente a ese enemigo, con medidas, con acciones.
En el campo de la conducción estratégica, las resoluciones no son discrecionales, sino que corresponden a etapas de la conducción.

Movilización y organización para una lucha activa y una lucha políti
ca
Unirse y organizarse...llamar a toda esa gente, ponerla de acuerdo, e ir dando un estado de unidad, de solidaridad y de organización; cohesionando a todo el dispositivo de lucha, que no sabemos cómo la vamos a emplear en esa nueva resolución y en consecuencia debemos prever las dos circunstancias; que se llame a elecciones, para la cual precisamos una perfecta organización o la mejor organización política posible; que no se llame a elecciones; la mejor organización de lucha. Pero como una cosa no está renida con la otra, podemos simultáneamente preparamos para una lucha activa, que puede desprenderse en el caso de que no se llame a elecciones o de una lucha política en el caso de que se llame a elecciones, para lo cual también debemos estar preparados.

La guerra revolucionaria o guerra de guerrillas

La guerra revolucionaria es una guerra de guerrillas, se realice en el campo o se realice en las ciudades, es decir, puede ser guerra de guerrilla urbana y guerra de guerrilla rural; según las características de cada región donde se la realice. Pero esto no es cosa nueva, probablemente haya sido la primera forma de guerra que ha existido.
La guerra de guerrillas no es otra clase que la guerra revolucionaria.

Guerra de desgaste
Hay un principio en el arte de la guerra que establece que cuando se tienen las fuerzas suficientes uno las reúne y las lleva a una batalla decisiva y en esa batalla decisiva juega la suerte de su decisión... pero cuando no se tiene esa fuerza suficiente para vencer en una batalla decisiva, se divide esta gran batalla, que se podría librar en conjunto, en miles de pequenos combates, donde venciendo en cada uno de ellos por las circunstancias especiales que ayudan a esta acción, es en cierta medida y a lo largo del tiempo, como si se diera una batalla decisiva, sumando todos estos éxitos tácticos. Por eso la guerra decisiva es cuando se va a una batalla, la otra es una guerra de desgaste.
Al enemigo muy fuerte uno lo va desgastando por partes, eso obedece a un viejo pensamiento de Confucio.

Confucio decía que una hormiga no puede matar a un elefante, pero sí se lo puede comer, es decir, es ir sumando esfuerzos, hasta ir desgastando y devorando, diremos así, la fuerza que se tiene enfrente. Esto es normalmente en los conflictos entre la fuerza y la opinión. La opinión tien
e mucha fuerza pero como opinión no tiene una fuerza activa para una lucha violenta, entonces esa fuerza de la opinión se va descomponiendo hasta formar las guerrillas.
En toda acción de guerra, los medios que se emplean son: uno, la potencia, por que la potencia lo ata a los elementos de lucha, en cambio el que no tiene la potencia no tiene otro remedio que multiplicar su acción por la movilidad.

Golpear donde duele y cuando duele
La guerra revolucionaria, en consecuencia, se trata de una guerra de movilidad: donde está la fuerza nada, donde la fuerza no está, todo, pegando cuando duele y donde duele... ése ha de ser, digamos así, el slogan de la guerra revolucionaria.
Ahora, indudablemente, que para que esto pueda realizase con éxito, porque el que tiene la fuerza, el que tiene la potencia, diremos así, va a seguir persiguiendo a esa acción de guerrillas y la larga lo va a acorralar en alguna parte hasta poder aniquilarlo. El secreto está en poder liberarse de ese peligro, para lo cual hay que tener una zona, diremos, que sea inmune a toda la acción de las fuerzas. Eso, por ejemplo, se puede producir por acción territorial, es decir, cuando se hace la guerrilla rural, la montana, el
bosque, donde es posible colocarse detrás de un obstáculo que no pueda ser fácilmente vencido por el otro se puede obtener zonas inmunes a la acción de la fuerza. Y la lucha de guerrillas urbanas: primero la sorpresa, es el factor fundamental, para realizar en la acción, y después, los medios de movilidad para desaparecer inmediatamente de producido el golpe.

Sorpresa y movilidad

Si se golpea allí donde duele y cuando duele y, después, cuando concurre la fuerza que ha de reprimir, desaparecer; es decir, la sorpresa y la movilidad, ahí están los dos factores fundamentales de ese tipo de guerra que se desarrolla dentro de las zonas urbanas. Ahora naturalmente que esto
presupone que no puede ser una cosa improvisada.
En la guerra no hay nada que pueda ser improvisado. La guerra hay que estudiarla bien, prepararla bien y realizarla bien. Cada uno de los grupos que actúan en esto, deben ser grupos que ejerciten estas acciones, se llaman acciones de comando en la guerra regular y éstas se preparan minuciosamente.

Esto tiene probabilidades de éxito, es decir, no se improvisa nada. Diremos...una acción de éstas se concibe, se prepara, se ejercita y después recién se realiza. Es decir, el éxito depende de toda la acción, de toda esa preparación y de toda esa organización. El éxito a nadie le sale al paso, no es obra de la casualidad.

El éxito es obra de la previsión, de la organización y de la realización.
Cada una de estas acciones es una pequena batalla que se libra y sino se ha omitido nada y si se ha asegurado bien toda la acción que se va a realizar.
Extremar las medidas de seguridad...no puede fallar.
Cuando fallan es por falta de preparación o por una mala concepción o por una falta de organización.

No puede fallar porque usted pega donde nadie lo estaba esperando; en consecuencia, usted va preparado hasta los dientes y armado hasta los dientes, y los otros no. Entonces no puede fallar, si se hace bien y, como decimos, esta guerra de guerrillas es hija de estas acciones.

Miles de pequeńos combates

Si se realizan veinte, treinta, cincuenta. cien, bueno, eso equivale a una
gran batalla que se da diluida, diluida en muchas partes.
Esto es la guerra revolucionaria como se la ha llamado ahora. Se la llama guerra revolucionaria porque se está haciendo una guerra de guerrillas para una liberación de los países y para una liberación de los pueblos. Entonces, es revolucionaria.

Una acción bien preparada no puede fallar...diremos, una acción de ésta, se concibe.
El éxito no le sale al paso por suerte ni por casualidad. Esto es, se concibe, se prepara, se ejercita y después, recién, se realiza. Es decir, el éxito depende de toda esa acción, de toda esa preparación y de toda esa
organización. El éxito a nadie le sale al paso, no es obra de la casualidad. El éxito es obra de la previsión, de la organización y de la realización.

Guerra integral
Cuando se habla de nación en armas se está hablando de la guerra internacional, es decir, de situaciones estratégicas que enfrentan a dos naciones, que se movilizan total y absolutamente para enfrentar esa situación de guerra.
De manera que dentro del concepto convencional de la guerra, esa lucha se refiere a la lucha internacional. No se puede aplicar eso porque un pueblo se levante, que se levanta en una guerra interna, eso no puede ser una nación en armas, porque al decir "nación en armas" uno está indicando el concepto de nación y aquí no es el concepto de nación, es el concepto de pueblo.

En cambio la guerra revolucionaria que realiza un pueblo en la situación en
que señalamos puede llamarse guerra integral. Guerra integral, porque se hace por todos los medios, en todo momento y en todo lugar. Es decir, cada uno de los que forman esa fuerza popular que está en lucha, desde la manana a la noche, él hace en cada lugar y en cada momento su acción de guerra, su lucha. Es decir, buscando danar siempre al enemigo cualquiera sea la situación en que él se encuentre. Esto da lugar a que se empleen todos los sistemas y métodos para realizar esa lucha. Por eso puede ser una guerra integral, pero claro, no en el concepto convencional de la nación en armas, que es una cuestión que se refiere a la guerra internacional.
Aunque dada la situación estratégica de la Argentina y de que el gobierno que detenta el poder responde a intereses imperialistas, es también una lucha nacional contra un enemigo externo pero se realiza en un terreno totalmente distinto. En un ámbito también distinto y con fuerzas también
distintas. Es decir, no se le puede aplicar, sino por extensión, quizás, el concepto de guerra integral; pero realmente el problema no responde a la calificación de la que convencionalmente se llama la "nación en armas".
Es una lucha, naturalmente, todas las luchas representan la mismo. Son voluntades contrapuestas que emplean los medios a su alcance para imponer su propia voluntad.

Para vencer hay que desarmar al enemigo

Para imponer la voluntad de acuerdo a los cánones, diremos así, de la guerra misma, de la lucha, hay que desarmar al enemigo y tenerlo a distinta posición para que él haga lo que nosotros queremos; ésa es la única manera de llegar a una decisión. Para eso, se emplean la lucha activa y todos los demás medios de lucha: desde la acción insidiosa de todos los días, hasta el enfrentamiento activo cuando no hay más remedio. Y eso es lo que caracteriza a este tipo de lucha popular.
La violencia no se puede vencer sino con otra violencia mayor, y en la lucha los bandos contrapuestos tratan de emplear la violencia cuando los otros medios son ineficaces.

Lucha política y lucha popular; lucha ideológica y lucha militar.

Luchamos por el gobierno y por el poder, construyamos nuestro poder de decisión.

Trasvasamiento, organización y socialismo nacional
Hemos hablado de la necesidad de un trasvasamiento generacional. Ello emerge de la necesidad insoslayable de mantener el estado juvenil del Movimiento. Se trabaja normalmente para el futuro y ese futuro por fatalismo histórico y biológico, diremos aquí, corresponde a las generaciones jóvenes.
Un movimiento que sea o que represente una revolución trascendente, difícilmente puede ser realizado por una generación sino por varias de ellas.

La historia es bien clara en esto; la Revolución Francesa tuvo casi treinta
anos de preparación, a través de los enciclopedistas. Bien, ya treinta anos es una generación, la Revolución Rusa tuvo como sesenta, el pobre Lenin fue el que preparó todo eso y no pudo alcanzar sino una pequena parte de la Revolución y quedó marginado. ¿Por qué?Y, porque la generación que le sucedió lo reemplazó.
Es indudable que esto da un derecho a la juventud, es el derecho de intervenir en el quehacer actual, preparando el cambio generacional. Sino los movimientos en
vejecen y mueren; lo que se trata es, precisamente, de hacer ese cambio generacional a fin de que se remoce el movimiento, se perfeccione y se adapte a las nuevas etapas.
Las revoluciones cumplen normalmente cuatro etapas: la primera es la doctrinaria -son los enciclopedistas de los franceses y es Lenin en Rusia, en la Revolución Rusa-; la segunda etapa es normalmente la toma del poder, o el golpe de Estado -es Napoleón del 18 Brumario, y es Trotsky con los mil en Moscú-; la tercera etapa es, diremos, la etapa que da verdaderamente la ideología, que inculca eso -esa ideología-, es Napoleón en el Imperio y es Stalin en la Revolución Rusa. O sea la etapa dogmática, donde se mete el dogma, y la cuarta y definitiva es la institucionalización de la revolución, es la primera República Francesa después de la Revolución, y es Kruschev que anula el culto a la personalidad a fin de reemplazarlo por la institucionalización.

Claro, cada una de estas etapas lleva un largo
, un largo recorrido en la historia, y los mismos hombres difícilmente llegan. Entonces esa preparación, diremos así, para las nuevas generaciones es lo que hemos llamado nosotros el trasvasamiento.
Es decir, que es necesario ir preparando los dirigentes, porque las masas evolucionan solas y cuando están imbuidas de una ideología y puestas en marcha por una doctrina, las masas continúan, pero los dirigentes son los que deben ir evolucionando en sí, y preparándose para nuevas circunstancias.

Normalmente, las ideologías no cambian, sino en largos períodos de la historia. Ha habido ideologías para la Edad Media, ha habido para la etapa capitalista, hay ahora una para la etapa socialista, en fin, pero duran siglos las ideologías. En cambio las doctrinas -que son la forma de ejecución de esa ideología-, ésas varían con las circunstancias de la aplicación.

A medida que se va aplicando esa ideología, las circunstancias, el tiempo, el espacio, en fin... cambian. A ese cambio es al que nosotros debemos ir acostumbrando a las nuevas generaci
ones.
Esos dirigentes que se forman para las nuevas generaciones deben ir bien en claro, a través de una preparación humana acabada, que permita dar continuidad, es decir, que una generación pueda entregar sus banderas a la que sigue, para que ella las haga triunfar, aplicándolas de acuerdo con las circunstancias y el lugar en que eso ha de realizarse.

Las banderas de Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política son inamovibles, por lo menos por un largo período de nuestra historia serán inamovibles. Luchamos por eso, esas banderas son tomadas por las nuevas generaciones que las prolongan
en el tiempo.
La intervención de la mujer en la política y los derechos políticos de la mujer tienen su razón de ser revolucionaria.

Entre el nacimiento y entre los seis años se forma el subconsciente de los niños. Allí es donde hay que meterle las ideas, porque de eso no se independiza jamás.

Esta preparación ya viene desde la ninez.

Como dice el famoso refrán espanol: -Detrás de mí vendrán los que buenos me harán.

Si la juventud desde la ninez está preparada en eso, lo absorbe rápidamente y entonces se produce normalmente el cambio generacional. Porque esa juventud comienza a crear y realizar.

En política -donde la conducción es un arte- se forma a los dirigentes de la juventud, los dirigentes de conducción y los dirigentes de encuadramiento, que es lo que necesita la masa par
a su conducción en la lucha táctica. Bueno, esa gente ya viene preparada, necesita un poco de conocimiento de la conducción y entonces se puede desempenar y desenvolver bien.
Los viejos deben arrimar su experiencia, porque ellos, por egoísmo, no le dan a la juventud esa experiencia, llega un momento en que biológicamente ellos desaparecen de viejos, se mueren, ¿y quién los reemplaza? De manera que su egoísmo es sumamente negativo para la acción de continuidad de una revolución.

Por eso los viejos tienen que pasar esa experiencia a los jóvenes, porque a ellos les va a servir. Porque cuando llegamos a viejos sabemos mucho, pero ya no nos sirve para nada, hay que pasárselo a los que le pueda servir.

Entonces eso es el trasvasamiento generacio
nal del que nosotros hablamos.
El cambio generacional es prolongarse hacia el futuro.
Es claro, y prolongarse hacia el futuro y proyectarse racionalmente, es decir, que esos jóvenes reciban una experiencia que ellos no tienen.

La ofensiva antiimperialista

La liberación de los pueblos oprimidos


El capitalismo con su fuerza; que es el liberalismo, está luchando para no ceder, como los senores feudales lucharon con la Revolución Francesa, también para no ceder. Pero indudablemente los acontecimientos históricos del mundo ya las han aceptado. Restan dos grandes focos de reacción (que en el fondo están totalmente de acu
erdo...): uno el capitalismo yanqui y el otro el comunismo ruso.
El acuerdo de las superpotencias...Yalta y Postdam fueron los instrumentos del acuerdo. Por eso es posible invadir Santo Domingo con veinte mil marines, con el OK ruso. AY poco después las fuerzas de Varsovia copan Checoslovaquia con el yanqui! ¿Están peleados?, quizás enfrentados ideológicamente, pero políticamente están perfectamente de acuerdo.


La coexistencia pacífica


Contra ese acuerdo es que el Tercer Mundo lucha.

El Tercer Mundo se está integrando y est
á más integrado de lo que muchos creen, indudablemente que ése es el mundo del porvenir, no es el otro mundo, el del porvenir. Los imperialismos cumplen un fatalismo histórico una parábola: nacen, crecen, se desarrollan, envejecen, decaen y mueren.

Desarrollar la crítica y la autocrítica


Es indudable que la conducción tiene siempre sus riesgos, porque es necesario arriesgar para obtener los resultados apetecidos. Pero, en la conducción, todos los órganos de las distintas graduaciones tienen una misión.
Hay cuantro misiones en la conducción y son:
Mantener los principios de la doctrina, mantener la unión de todos, tomar las resoluciones estratégicas, y revisar las resoluciones tácticas que puedan tener alguna implicancia en el aspecto estratégico.
Todos los problemas están en el horizonte directivo, la masa es inconmovible, firme, ha asimilado la doctrina, la vive, la siente, es decir, no solamente conoce la doctrina, sino que la tiene inculcada en sí, la siente y la conoce. Bien, los dirigentes también, quizás mejor que ellos, pero en el horizonte directivo siempre hay intereses y facciones, hay grupos, intereses de grupos, intereses personales, que llevan a enfrentamientos y luchas.
Hagamos crítica, pero primero autocrítica; crítica interna con sentido político.
Indudablemente que esa tarea es una tarea que desgasta mucho y que ha desaprovecharse para hacer la crítica y hacer, muchas veces, la autocrítica, porque el que tiene que resolver está siempre expuesto a cometer errores.

Cuando uno cumple una misión racionalmente es difícil que se equivoque. Pero, indudablemente, la conducción es un acto humano, y el hombre está expuesto a desviaciones de una u otra naturaleza.

Unidad y organización con crítica y autocrítica Por
otra parte, ambicionar una organización perfecta en la conducción política es una cosa muy difícil; en política rara vez existe el orden, a lo que hay que acostumbrarse, en consecuencia, es a aprender a manejar también el desorden. En política es consustancial el desorden con la actividad política; en consecuencia, el conductor que quiera meterse en eso tiene que acostumbrarse a manejar el desorden.

La organización revolucionaria
Una vez que se ha conformado ya un movimiento con un líder al frente, no es tan fácil transformarlo en una organización, porque, en general, la gente se resiste a eso. Pero hay que tener en cuenta que el hombre no vence al tiempo, lo único que puede vencer al tiempo es la organización.
Una organización revolucionaria que permita al Movimiento, a través de organismos, ir conformando y cumpliendo los objetivos señalados más los nuevos objetivos que las circunstancias nuevas vayan produciendo.

Una etapa en la revolución, podemos decir, es la etapa doctrinaria de la revolución. Luego vienen la toma del poder, la etapa gregaria, y luego vendrá la institucional.

Con la organización debe venir un cambio, porque si no el Movimiento envejecerá y terminará por morir como todo lo viejo. Entonces, para evitar ese proceso, está el camino orgánico y el camino de remozamiento del Movimiento, por cambio generacional.

Si aparece un hombre que pueda catalizar la voluntad de todo el movimiento, será ese hombre, a la cabeza de ese movimiento, el que lo llevará.

Si no aparece un hombre esclarecido que pueda provocar en el campo táctico esa lucha que es indispensable para triunfar, no habrá más remedio que recurrir a la organización.

La conducción colectiva de la organización revolucionaria
Por eso la previsión está en esto: organicémonos, marchemos organizadamente.
El hombre que dirige o conduce una revolución necesita de la organización. De manera que no puede estar renido lo uno con lo otro.

La organización puede, en caso necesario, reemplazar la carencia de un conductor, es decir, buscar la forma de vencer al tiempo.

Hay ejemplos en la historia, por ejemplo, el ejército de Napoleón, que era formidable, desaparece con Napoleón, ¿Por qué? Porque no tenían la organización necesaria.

Se debe formar una organización que pueda vencer al tiempo, es decir, desaparecida la conducción, que aparezca otra conducción, puede ser un hombre o puede ser una organización.

Así como la organización se articula en el espacio, toda la lucha se articula también en el tiempo, Hay cosas que son permanentes, como es una ideología.
Arriar las banderas de justicia social, de independencia económica y de soberanía política, eso es muy difícil porque son cosas permanentes, En cambio, la doctrina, que son las formas de ejecución de la ideología, esas varían de acuerdo a las circunstancias, evolucion
an con la evolución. El cambio generacional va buscando remozar en el tiempo esas formas de ejecución.

El socialismo nacional


La determinación del término socialista, hoy en el mundo es muy difícil, porque toma una enorme gama de extensión, que va desde, diremos, un movimiento internacional dogmático, hasta una abiertamente, democrática. Dentro de eso hay miles de gradaciones, y uno lo puede observar en los cinco continentes los distintos sistemas, todos basados en un socialismo. Ahora, existen las monarquías gobiernos socialistas, existen los movimientos marxistas, también socialistas. Entre la extrema izquierda y la extrema derecha, se escalonan todos los socialismos habidos y por haber.

Nuestro Movimiento, en ese sentido, es mucho
más simple, es indudablemente de base socialista. ¿Por qué? Porque pivotea sobre la justicia social, que es la base de toda nuestra promoción revolucionaria.
El socialismo nuestro puede caracterizarse así: en estos dos siglos, como ya he dicho anteriormente, se ha producido un avance extraordinario que supera a los diez siglos precedentes. Esto ha estado en la máquina, la empresa, la ciencia, la técnica y el hombre.


El Capitalismo


Es el capitalismo nacido en la Revolución Francesa, que en estos dos siglos desde la Revolución Francesa hasta ahora, ha hecho un sistema que, no podemos negar, ha hecho avanzar al mundo de una
manera extraordinaria. Especialmente en el aspecto científico y técnico. Pero los pueblos con esos medios técnicos se han esclarecido por la facilidad de la dispersión de las noticias, del conocimiento, y estos pueblos se dan cuenta de que se ha avanzado, estos dos siglos, extraordinariamente. pero a costa de un tremendo sacrificio de los pueblos. Entonces los pueblos piensan hoy, ese mismo avance podrá ser más lento quizá, pero se puede hacer sin necesidad de sacrificar a los pueblos.
Lo que se anhela es eso, seguir luchando por un progreso, quizá no tan rápido como han sido estos dos siglos, pero sí más justo.

Es decir, sin que el sacrificio gravite tremendamente sobre la espalda de los pueblos, como ha estado gravitando hasta
ahora a través del sistema: capitalista.
Pero es que entre el socialismo internacional dogmático y el capitalismo la diferencia no es tan notable, porque uno es un capitalismo de Estado y el Otro, es un capitalismo individualista. Los dos someten, uno intensifica al hombre, e indudablemente el progreso es extraordinario porque es una colmena en acción; el otro es un capitalismo individualista. Los dos someten, y obtienen también grandes resultados. Pero los dos son en base al sacrificio de los pueblos.
Reemplazar el sacrificio por el esfuerzo.

Que ese sacrificio desaparezca y que se realice el mism
o trabajo sin sacrificio, sólo con esfuerzo.
Es decir, que el hombre sea de la comunidad, pero la comunidad también sea del hombre.

Congeniar lo individual con lo colectivo es el proyecto revolucionario y el hacerlo es una de las formas del socialismo.

Cada comunidad tiene su propia idiosincrasia y sus propios valores intrínsecos, que es necesario respetar. No son iguales dos comunidades, son las características distintas en las que influye hasta la situación geográfica, absoluta, la situación geográfica relativa, la raza, en fin, un sinnúmero de circunstancias que gravitan sobre la formación de esa comunidad.

Un socialismo nacional creado desde el pensar y el sentir del pueblo ...un socialismo justo.

Es decir, no es cuestión de adoptar, sino en algunas circunstancias adoptar, y en otras de crear. Porque la suprema condición del arte
de conducir a los pueblos es precisamente la creación. Y para crear hay que someterse a las circunstancias naturales del hecho que uno pretende crear.
Porque no se puede hacer un socialismo igual para un mujik de la zona asiática que para un hombre en la pampa argentina. Los dos son campesinos, pero son diametralmente opuestos en todas sus manifestaciones anímicas y físicas. Y el medio es también diferente y la actividad es también distinta.

Y si en eso es necesario sacrificar algunas cosas, será necesario sacrificarlas.
Para gozar de algunas es necesario sacrificar otras. Ese es el proceso de pesos y contrapesos que en toda comunidad establece el verdadero equilibrio de realizaciones.


Terminar con la explotación capitalista

El mundo ha cambiado, ésa es una imposición del mundo. El mundo que va en una evolución con los pueblos que ya están esclarecidos, y en consecuencia...

Los pueblos rechazan el desarrollismo, el neocapitalismo y los demás proyectos imperialistas ...pueblos que se niegan a seguir un proceso de sacrificio cuando eso se puede reemplazar con un simple esfuerzo, que hasta puede ser agradable, el sacrificio no es agradable para nadie.

En consecuencia ésa es la aspiración: la dignificación del hombre, la dignificación del trabajo, a través del cual se puede crear y se puede construir. Pero para que se realice, no es necesario que tenga un policía atrás con un fusil, ni que esté el patrón con un garrote insultándole mientras realiza su trabajo. Es decir, que en condiciones dignas un hombre se desarrolla, se realiza a sí mismo.

Lo que no es aceptable es que en una comunidad puedan existir tipos que no producen ni siquiera lo que consumen. Porque una comunidad donde abundan los que consumen y no producen, es una comunidad que no va a ninguna parte. Ahora, para producir, al hombre hay que darle las condiciones de dignidad, de felicidad y de tranquilidad, para que pueda producir sin sacrificios, eso es lo que nosotros queremos.

La única manera conocida para terminar con el antagonismo entre hombre y la comunidad, seria indudablemente desmontar un poco el egoísmo. Y eso nosotros lo decimos precisamente en nuestra ideología. Que el hombre termine un proceso de explotación de su egoísmo, sacrificando gran parte de él en beneficio de la comunidad. Solamente así se puede arribar a una comunidad organizada.

El individualismo es la escuela nefasta y neg
ativa de ganar haciendo mal a los demás en vez de ganar siendo más capaz y más moral que los otros. Ese es el espíritu maldito del individualismo, carente de sentido social y de sentido político, que no sólo ha hecho de cada hombre un lobo, sino que ha hecho lanzar a unas naciones contra otras.
Y el hombre podrá independizarse, solamente, en una comunidad organizada. Donde cada uno haga lo suyo, realizándose dentro de una comunidad que también se realiza.

Ya que es muy difícil que un hombre pueda realizarse en una comunidad que no se realiza, la comunidad organizada tiende hacia ese fin y, por eso. nosotros, a nuestro proceso ideológico enunciado, lo hemos llamado la comunidad organizada. Porque es la comunidad organizada, precisamente, aquélla donde el hombre puede realizarse mientras se realizan todos los hombres de esa comunidad en conjunto.

La comunidad organizada será la creación colectiva y consciente de todo el pueblo

La comunidad organizada es el punto de partida.



Links Relacionados:


Filmacion (en 14 partes):

  1. http://www.youtube.com/watch?v=YlQUMCkL1tY
  2. http://youtube.com/watch?v=4BZk-VV66cw
  3. http://youtube.com/watch?v=6gW1fPRYG4Y
  4. http://youtube.com/watch?v=fE3JmCXgs7k
  5. http://youtube.com/watch?v=lcIfLNi_1bc
  6. http://youtube.com/watch?v=TJlERcXaL5w
  7. http://youtube.com/watch?v=LXX1ALGxoIE
  8. http://www.youtube.com/watch?v=I-dq2rkDmSk
  9. http://youtube.com/watch?v=msJnQi1V2ZQ
  10. http://youtube.com/watch?v=MQOVBfZrVvw
  11. http://www.youtube.com/watch?v=wIcDGY9ddB0
  12. http://www.youtube.com/watch?v=oYOTNWa3gnE
  13. http://www.youtube.com/watch?v=LXtxOmyWLyE
  14. http://www.youtube.com/watch?v=GjwzECviMGo