En la mitología cristiana de la expulsión del paraíso, el consumo de la manzana resulta en un castigo. De hecho, la gula, una forma de consumo, es uno de los pecados capitales. El deseo que proveyó tal acto, también es penalizado, aunque se restrinja a la “mujer del prójimo”. El consumo del tiempo personal para beneficio propio (la pereza) también. El voto de castidad y el de pobreza coronan esta apología de la miseria.
La izquierda tiene su propia versión de la “opción por los pobres”. Así, un militante consecuente debe hacer profesión de pobre, adoptar las pautas de consumo de los pobres, si es posible, vivir con los pobres. De allí a identificar el socialismo con la escasez y todo consumo por encima del nivel de pobreza como “burgués”, hay un solo paso: “¡Ah! Muy zurdito pero ahora tenés auto…”. La conclusión lógica es obvia: el militante de izquierda, el socialista, como el cristiano, ha venido al mundo para sufrir. La imagen del Che, muerto como Cristo, resulta la iconografía perfecta.
Esta identificación de consumo con capitalismo y de pobreza con socialismo, no sólo resulta en un flaco favor a la propaganda revolucionaria, sino en una incomprensión absoluta del objetivo de la lucha por nuevas relaciones sociales. Implica desconocer por completo qué tipo de sociedad es eso que llamamos comunismo.
Eduardo Sartelli
